Septiembre

 

Zapatos

Septiembre era uno de mis meses favoritos — no los primeros días, que eran casi iguales que los últimos de agosto con los nervios y las tensiones de la mudanza a la ciudad. Me gustaba a partir del quince, cuando volvíamos al colegio, con los zapatos nuevos, los nuevos cuadernos, el olor de los lápices y de la goma de borrar sin estrenar, el pegamento y los rotuladores, los lápices de colores de madera, todo un mundo perdido para regocijo de algunos. El colegio, me gustaba ir al colegio, no los primeros días en que los alumnos se saludaban y se contaban sus vacaciones en tal o cual destino que a mí me parecían exóticos; a mí, que había pasado el verano en un pueblo perdido en la montaña con el olor a mulas, vacas y cabras, con el sabor de la leche espesa recién ordeñada: otro mundo perdido. Todo termina por ser un mundo perdido. Mis compañeros, sin embargo, no parecían habitar esos mundos que iban desvaneciéndose. Eran modernos, creo, y no les gustaba regresar al colegio, preferían, según creía oírles, sus piscinas privadas de azul turquesa y el olor a crema bronceadora. A mí me gustaba regresar al colegio, abrir el libro de geografía y usar el dedo por los mapas de los continentes, los océanos y los mares lejanos, el mar del sur de la China  por donde mucho más tarde navegué a bordo de un junco.

¡Mi vida, sí, siempre un viaje ininterrumpido!

 

Anuncios

Guateque

Fiesta

Celebramos esta noche la fiesta de despedida anual, con luces estroboscópicas, refrescos, botellas de ginebra para bebernos los martinis que no hemos tomado el resto del verano, medianoches de jamón con mantequilla y otras de foie, saladitos y puntas de espárragos envueltas en rulitos de jamón york y mayonesa. Tenemos también higos, tomates, chorizo y más aperitivos comprados en una tienda de abarrotes que hay en la esquina de casa.

Suena la música de lejana nostalgia de todos los veranos: Buddy Holly, Fats Domino, Elvis Presley, The Shadows, Flamingos. A lo lejos, por la ancha avenida aún vacía, vemos alejarse el verano desarbolado ya. Seguirá hacia adelante, perdiéndose en lo nublado del olvido, perdiéndose, convirtiéndose en una fugaz y borrosa visión de un tiempo que en algún momento saldremos a buscar, desconcertados de un presente que examinamos desde ese pasado recordado.

El guateque acabará en pocas horas, los muchachos que nunca vinieron marcharán a sus ciudades y nosotros, una vez más, quedaremos en silencio. A lo lejos un coche surca la carretera solitaria junto al río.

Abisal

Física cuánticaSiempre me he imaginado un viaje submarino en un batiscafo, con sus ventanales que parecen lentes de aumento a través de las cuales vemos seres mínimos como si fueran enormes bestias ominosas y prehistóricas que atraen nuestra atención. Vagan por las profundidades abismales lentamente, con una calma producto de saberse a resguardo de toda intrusión de la superficie. Entramos, como si navegásemos en el Nautilus, en una cueva llena de estalactitas  y estalagmitas, un lugar como una enorme dendrita o un ciclotrón, de donde salimos despedidos hacia la superficie.

De la lectura como escritura

Mandarina

Hay dos momentos de la escritura que me gustan especialmente. Uno de ellos es el hecho mismo de la escritura, el dejar correr la imaginación hacia no se sabe muy dónde — no en todos los casos, hay momentos en que sí que lo sé — y que las palabras lleguen hasta el final de la historia o del razonamiento. el otro es anterior, y casi nadie le suele dar importancia. Es el momento anterior a la escritura, los prolegómenos: la compra de libros de donde sacaré datos, el bolígrafo rojo, la tinta azul para la pluma, el cuaderno donde iré apuntando ideas, y sobre todas las cosas, la lectura, la reflectora en algunos casos, de los libros. Aunque haya leído algunos libros en ocasiones anteriores, me gusta volver a leerlos, aunque sean solo los pasajes subrayados. No busco entre los apuntes de otras veces sino que vuelvo a sumergirme en lo ya leído. Me gusta descubrir nuevas ideas, nuevos argumentos, también me gusta — y mucho — volver sobre los ya conocidos. Si son buenos, siempre salta una nueva chispa.

Para mí escribir es una variante de la lectura, sesgada si se quiere porque no leemos para dejarnos sorprender por la escritura sino que leemos para encontrar algo, aunque a veces, entre lo leído, surja la sorpresa de lo inesperado. Una vez escuché a uno que decía que si no fuera por la bebida, él no comería. En mi caso, si no fuese por la lectura estoy seguro de que no escribiría. Esta es una manera que muchos pensarán poco literaria. Si pensamos en la imagen, que aún perdura, del escritor romántico arrebatado por la inspiración, mi manera de plantear el hecho de escribir choca frontalmente con ella. En el fondo, más que el escritor romántico, mi modelos es Michel de Montaigne, un ensayista que, quizás ficción propiamente dicha no escribiese, pero nos dejó uno de los grandes monumentos literarios: sus Ensayos. Lo de menos es que no todo fuera producto de su imaginación, al modo en que entendemos hoy esa facultad, de un modo banal, pro supuesto, pues el término imaginación comprende mucho más que las aventuras y personajes inventados. Lo importante es que fue capaz de crear un mundo propio, más reflexivo que activo, un mundo desde el que miraba la sociedad que lo rodeaba y desde el que se defendía de sus embates. En cierto modo, la literatura, toda literatura, es una fortaleza defensiva.

Antes de cerrar esta página, me apetece traer a colación la idea de Ralph W. Emerson, para quien la encurta estaba bien como actividad para los ratos libres. La lectura, tal y como él la entendía, había de ser creativa, no repetitiva. Esto, que me interesa mucho, en el fondo es un regreso a la poética clásica.

Dos versiones, una fábula

 

Rana

Leemos por la tarde bellas fábulas de cuando éramos niños, o es quizás ahora cuando lo somos, al menos durante unas horas, y disfrutamos con la profunda ingenuidad. Luego, hablamos de lo leído. Es curioso que hoy los dos hayamos coincidido en la misma fábula: la de una princesa que encuentra una rana y lo convierte en príncipe, lo curioso es que ella dice que la besó antes de la metamorfosis y yo digo que esta ocurrió porque lo lanzó contra una pared.

Recordamos las historias según conviene a nuestros humores y la imaginación transforma lo sucedido, como cuando dentro de unos meses contemos a nuestros amigos nuestro periplo estival.

 

Recortables

 

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_27

Ella me dijo, en los comienzos, que su sueño era viajar a Laponia o a Islandia, quien sabe si a Finlandia, aunque, nunca lo entendí, no sentía ningún interés por Noruega y solo una pequeña curiosidad por Dinamarca. Algunos días, cuando se acercaba el solsticio de invierno, solía pintar pequeños alces en las paredes y en cuadradillos de madera que guardaba escondidos por toda la casa. La casa era de madera, y había reservado una habitación para la sauna, algo imprescindible en cualquier casa islandesa.

A veces despertaba de los sueños y la veía absorta acodada en la ventana dejando que la vista se perdiese por el largo horizonte de asfalto.