In Memoriam (con total agradecimiento)

Ha muerto a los 68 años de edad, Paloma Chamorro, periodista cultural. Chamorro, que estudió Filosofía, se dedicó en gran parte a hacer programas sobre arte en los años 70: Galería, Cultura 2, Imágenes, entre otros. Cuando la Posmodernidad llegó a España, Paloma Chamorro dirigió un programa, el famosísimo La edad de oro, por el que pasaron todos los grupos, pintores y escritores que conformaban la Vanguardia. Entonces aún la gente creía en la Vanguardia. Claro que para Chamorro la Vanguardia era un término muy elástico y no se ceñía a las teorizaciones de los vanguardistas de principios del siglo XX. Vanguardia eran Ocaña y Almodóvar y MacNamara, Parálisis Permanente y Nikis, Guillermo Pérez Villalta y las Costus. The Lords of the New Church y Jesús Ferrero, Aztec Camera, también. Incluso llevó a Lou Reed a su programa, el viejo león de la Vanguardia musical de los año 70 neoyorquinos cuando estaba en Velvet Underground, banda apadrinada por Andy Warhol, también Vanguardia. (siempre he sospechado que Paloma Chamorro y algunos más lo que querían era revivir la Factory en Madrid.)

Mientras en el mundo la Posmodernidad iba disolviendo las certezas y cambiando los paradigmas, en España a principios de los 80 aún estábamos intentando asimilar las vanguardias. Cosas de la mucha libertad que por entonces teníamos, más que ahora, sin duda. Y allí estaba Paloma Chamorro, dispuesta a mostrarnos toda esa inmensa libertad que encarnaban Divine, Vagina Dentata o Gabinete Caligari.

La procesaron por ofensas a la religión, pero fue absuelta por aquello de la libertad de expresión que hay en España, y que a algunos, por lo visto, les molesta pues no dicen que la absolvieron, y se quedan solo con el procesamiento. No fue lo único que tuvo que soportar. Cuenta Rafa Cervera que en algunos pueblos, cuando acompañaba a Alaska y Pegamoides, los quisieron apalear e incluso arrastrar cogidos de los pelos. Tampoco faltaron insultos y desplantes en mucha prensa progresista e izquierdista española por el tipo de programas que hacía (aunque solo mencionan La edad de oro y no La estación de Perpiñán, tampoco que fue la única española que entrevistó a Joan Miró después de la Guerra Civil.) A los progres que llevara a Gabinete Caligari o Los Rebeldes a la televisión les parecía una afrenta. Ellos lo que querían eran los cantautores muermos que cantaban el alba de los nuevos tiempos. Luego resultó que esos nuevos tiempos eran los de la Posmodernidad, pero ya se sabe que en España las plurales izquierdas van de equivocación en equivocación.

A Paloma Chamorro la procesaron por ofensas a la religión y solo entonces, cuando vieron que había cacho que morder, los progres se pusieron de su lado. Hoy Paloma Chamorro, el programa de Paloma Chamorro seguiría siendo igual de irreverente, sobre todo para las plurales izquierdas. Les dejo dos ejemplos de programas que hoy sufrirían censura previa.

Maldiciones de la edad

Me gusta – ya lo he escrito más de una vez – leer la prensa mientras desayuno los domingos. En realidad me gustaría hacerlo todas las mañanas, pero al no pertenecer a la clase desahogada que no necesita preocuparse por trabajar, el resto de la semana, desayuno y echo un primer vistazo a los periódicos con premura. Leer la prensa es algo de lo que no puedo prescindir, ni tampoco quiero. Me gusta leerla porque me dan noticias de lugares lejanos, de gente que no conozco, de los problemas e intereses de otras ciudades o naciones. Me gustan también, los artículos de opinión, aunque no me gustan todos. Tengo un pequeño panteón de periodistas, creo que la mayoría muy literarios — aunque hay alguna que otra ácida excepción – a los que me gusta leer cada vez que escriben.  Ya sea por su estilo o por la temática, me gusta leerlos, aunque a veces sean místicos, opacos o cursis. Lo que rara vez suelo aceptar es la soberbia.

Hoy mientras desayunaba, después de repasar las noticias, leía tranquilo a algunos articulistas: Jon Juaristi, Arcadi Espada, a Fernando Savater hoy con artículo extraordinario entre otras razones porque su día era ayer, y así hasta llegar a Javier Marías. Al llegar a la página de El País Semanal. Me he quedados eco. Hoy no aparece Javier Marías. Era como un tropiezo, como un parón en seco. Su último artículo era el de la semana pasada. He intentado continuar la lectura de oros autores, de otros suplementos de algún periódico, pero no ha sido posible. Faltaba algo, el artículo de Marías, y ya ni el paso ni el gusto era el mismo. Nadie piense que me ocurre solo con él; en realidad, me ocurre con todos. Si alguno falta a su cita, el resto ya está desvaído. Hay una melancolía subyacente porque sé que el deseo es imposible. Se jubilarán la mayoría y dejarán de escribir antes de que yo deje de leer, y las páginas de los periódicos se irán llenando de espacios blancos, ocupados por otros periodistas, si la prensa logra sobrevivir a estos tiempos ingratos, pero que, aun siendo buenos, aun gustándome, no serán como los que dejaron de escribir. Es la maldición de la edad madura.

Martini seco

Me gustan las películas donde las protagonistas beben Martini seco. El martini seco, yo que no soy de cócteles, es, sin embargo, mi preferido. Es una bebida exacta, rotunda, austera y aun así elegante. es de las pocas veces en que austeridad y elegancia van juntas. Hay otros cócteles que llevan varios licores y algún tipo de líquido para rebajar el alcohol. No ocurre así con el Martini que es ginebra y un poquito de martini blanco, tan poco que es solo un recuerdo, un leve toque.

Como decía, me gustan las películas en que las protagonistas beben martini seco. Suelen ser elegantes, no son jovencitas, y, al menos en las películas, tienen una conversación agradable y mundana. El martini seco no sale en películas de la bohemia ni del lumpen. Sale en películas de gente adinerada, como si el cóctel solo se lo pudieran permitir los ricos, cosa que no es así, pero ese toque de distinción lo aparta de otros ambientes.

También hubo escritoras que bebían martini seco. En Nueva York, claro, elegantes y mundanas.  Y el de Luis Buñuel y Manuel Alcántara. Fue también el cóctel de la Cuba de Batista, pero yo me quedo con las vistas de Nueva York.

Mambo Jambo

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Todo en esta vida es una sucesión de instantes que unimos con el recuerdo. La percepción de lo que hicimos, que se construye luego como imaginación. Al final, la imaginación no es lo que soñamos o inventamos, es simplemente una actividad intelectual que nos lleva a unir fragmentos de nuestro pasado. (Algunos al pasado lo llaman experiencia, aunque creo que es un término un tanto cursi en este caso.)

Esa percepción del pasado como algo continuo es, creo, una mania que tenemos de dotar a todo de sentido, de algún tipo de sentido, da igual de qué tipo. Nos angustiamos menos si sentimos que nuestra vida es un continuo, una especie de corriente que comienza cuando nacimos y acabará cuando muramos (aunque ni comience ni acabe en ninguno de esos momentos.) Pensar en una vida como momentos aislados, como pequeños fulgores que se sostienen en el espacio del tiempo que fue nuestra vida hace que nos sintamos angustiados, creo. No hay sentido ni continuidad. Quizás el instinto reproductor nos haya llevado a necesitar esa continuidad, esa necesidad de darle un sentido a lo que vivimos y terminamos por llamar vida.

Llanura

 

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A veces pienso que mi vida es una llanura, a lo sumo una pequeña duna, cuando estoy optimista. No me ha ocurrido nada, no he vivido nada histórico, ninguna gran Revolución en la que me hubira metido de hoz y coz para sentir el vértigo de la acción. Quizás sea eso, que en mi vida, en ese pasar monótono de los días, no he sentido el vértigo de la acción ni de la aventura. Sí que es verdad que de pequeño con la bicicleta viví algunas situaciones aventureras, o así las recuerdo yo, que quién sabe si lo fueron o si mi imaginación entonces se disparó.

A veces pienso que he vivido como los soldados que vigilar el desierto en El desierto de los tártaros. Aunque no son menos las veces en que pienso que eso de la vida aventurera es una patraña, que no es más que asunto de contrabandistas y piratas. (Aunque estos tengan una imagen vistosa, atractiva, un aura de peligro y de soberanía, en el fondo solo son delincuentes.) Sé en el fondo que no es vida para mí esa de la aventura, que las mejores aventuras que he vivido han sido en un sofá mientras leía los libros de Robert Louis Stevenson, Edgar A. Poe, Herman Melville o incluso Henry James.

Luego pienso en los años vividos y veo que tampoco han estado tan ayunos de acontecimientos importantes, aunque no parecieran ninguno de ellos una revolución. Viví la Transición, tan denostada hoy y tan inquietante y emocionante entonces. (Desde luego no era un asunto de cenizos.) Viví el fallido golpe de estado de Tejero y Milans del Bosch. Viví, y con gran alegría que muchos a mi alrededor no compariteron, la caída del Muro de Berlín y de todo el mundo comunista. También he vivido, últimamente, malos momentos como la victoria en el referendum británico de la posición aislacionista, que contrapesa la grandísima alegría que me produjo nuestro ingresoen los años ochenta. Viví los años en que la izquierda radical española fue disolviéndose como un azucarillo sin que verdaderamente se enteraran de las razones y, por eso mismo, lo aceptaran.

Al final, de un modo u otro, creo que todos podríamos apropiarnos del título de las memorias de Pablo Neruda: Confieso que he vivido. Mejor o peor, sin alharacas, lo he hecho. Y en ello persevero.

A pesar de todo

A pesar de todo la vida sigue, monótona, irremediable. El ser, como diría Spinoza, se aferra a la vida, reincide en su ser. Es la voluntad de la vida, el querer seguir adelante a pesar de tantísimas razones en contra.

A pesar de que los enemigos, los virus o las bacterias, o cualquier otro organismo mínimo, ataque el cuerpo propio, nunca se da por vencido y por eso la batalla solo se resuelve en un KO. Es la brutalidad de la vida. Pienso, quizás con demasiada ligereza, con demasiada fantasía, que si no fueran batallas a todo o nada, a lo mejor el resultado final sería otro organismo distinto, que el modo de ir creando nuevos organismos radicaría en el armisticio.