Vaqueros del espacio

De un lejano planeta habitado por labriegos y frecuentados por contrabandistas y otros delincuentes, zarpa una nave. Sale de una de los muelles de embarque del puerto espacial de Mos Eisley. No lo saben aún los tripulantes ni los pilotos, pero van a ninguna parte. Surcan viejas rutas que décadas atrás eran frecuentadas por los contrabandistas cuando querían evitar el ejército imperial.

Son años inciertos donde el futuro para uno era solo pasado, para otro un incierto presente y para otro un porvenir definido por la nostalgia de lo que espera vivir y no deja de posponer. Los buenos tiempos ya han pasado y para el mayor solo queda la vida retirada en un desierto después de haber fracasado en su encomienda, y para el más joven solo son historias que sus tíos le han contado sobre su padre muerto, y sobre las que se cierne un velo de silencio y medias verdades.

Zarpan rumbo a un lugar que no ya no existe cuando despegan, pero no lo saben, y la película es una sucesión de carreras por rutas secundarias, como probablemente hacían cuando eran adolescentes y con pequeñas naves hacían carreras por las lunas de los sistemas cercanos. Carreras de naves pilotadas por adolescentes como entrenamiento para un futuro prometedor mientras surcaban los despoblados cielos de un planeta desértico en los confines de alguna galaxia remota.

 

 

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