Vaqueros del espacio

De un lejano planeta habitado por labriegos y frecuentados por contrabandistas y otros delincuentes, zarpa una nave. Sale de una de los muelles de embarque del puerto espacial de Mos Eisley. No lo saben aún los tripulantes ni los pilotos, pero van a ninguna parte. Surcan viejas rutas que décadas atrás eran frecuentadas por los contrabandistas cuando querían evitar el ejército imperial.

Son años inciertos donde el futuro para uno era solo pasado, para otro un incierto presente y para otro un porvenir definido por la nostalgia de lo que espera vivir y no deja de posponer. Los buenos tiempos ya han pasado y para el mayor solo queda la vida retirada en un desierto después de haber fracasado en su encomienda, y para el más joven solo son historias que sus tíos le han contado sobre su padre muerto, y sobre las que se cierne un velo de silencio y medias verdades.

Zarpan rumbo a un lugar que no ya no existe cuando despegan, pero no lo saben, y la película es una sucesión de carreras por rutas secundarias, como probablemente hacían cuando eran adolescentes y con pequeñas naves hacían carreras por las lunas de los sistemas cercanos. Carreras de naves pilotadas por adolescentes como entrenamiento para un futuro prometedor mientras surcaban los despoblados cielos de un planeta desértico en los confines de alguna galaxia remota.

 

 

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Adioses

Leo en los periódicos recuentos del año. Destacan el alto número de artistas (en su sentido más amplio, aunque creo que predominan los músicos) que este año han fallecido. A muchos de ellos los he escuchado con verdadera pasión. He ido recibiendo las notificaciones de la muerte de cada uno de ellos sin demasiada alharaca sentimentalista. Será que me he hecho viejo, pero sobre todo que tanta efusión sentimental que nos inunda me repele.

Creo que en la tristeza, sobre todo en la desgracia y en la tristeza, uno ha de mantenerse firme, fuerte, y la congoja ha de ir por dentro, como las aguas turbulentas que corren por debajo de la superficie de los ríos. Es la única manera de comportarse en la que uno no cae ni en el patetismo ni hace el ridículo.

Y repito, en una época como esta en que todos se aprestan a demostrar ansiosos sus sentimientos – lo que solo consigue que sean infantiles – la verdadera soberanía reside en el control de las emociones. Solo así uno no forma parte de la grey.

Escribo esto al poco de enterarme que Carrie Fisher ha fallecido – otra pieza de la niñez que desaparece — y al saber que los rancios de la izquierda dizque radical española la utilizan para sus estupideces políticas. Aunque, seamos sinceros, un comunista del período alto del Capitalismo (en el que vivimos) — o del período medio (Lukács, por ejemplo) — es incapaz de entender (ahí quedan los escritos estéticos de tantos y tantos comunistas, con la excepción de Theodore Adorno, Walter Benjamin y pocos más) la función de la ambigüedad de la ficción.

(Nota Bene: quizás la izquierda española utiliza la Guerra de las Galaxia porque cree que George Lucas, su director, es Georg Lukács, el filósofo (en puridad, el teólogo) marxista. Nada me extrañaría conociendo como conozco la indigencia intelectual de la izquierda.)

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Manjares de Navidad (impresos)

Estamos ya en el umbral de la Navidad, una época perfecta para encerrarse en casa con una buena pila de libros y olvidarse, en la medida de lo posible, del mundo. Es algo que llevo haciendo desde que una tía de mi madre, su madrina, me regaló unos cuantos libros allá por mi prehistoria (o casi).

Años atrás solía leerme el Premio Herralde de Novela, aunque desde hace cuatro o cinco he abandonado la costumbre porque la calidad de las novelas ha caído estrepitosamente.

Ahora, de unos años acá lo que tocan son clásicos rusos, que combinaba con los premios Herralde: Dostoievski, Tolstoi, el grandísimo Turgueniev, Goncharov. Este año le toca el turno a Bulgakov y su magistral (eso me han dicho) El maestro y Margarita. No sé si me fascinará tanto como Asia o Primer amor. ¡Quién sabe! Las horas previas intensifican esa incertidumbre, la convierten en un pequeño placer anticipado, aunque quizás el desencanto pueda presentarse ya en la tarde del viernes. Siempre hay más libros por si acaso. Tengo uno de Goncharov, y los cuentos completos de Chejov, que daría para varias Navidades. Así lo tengo pensado que los cuentos de Chejov me duren cuatro navidades, al menos, una por volumen.

No tengo muy claro lo que leeré el día que ya haya leído a los rusos, quizás los clásicos griegos, quizá relea a los rusos. Una vuelta a las aficiones de años atrás siempre es buena idea, quizás dedique la navidad a releer mis favoritos, en realidad los que fueron favoritos en un momento y que luego has guardado en la biblioteca y no has vuelto a tocar. Los favoritos de verdad los releo, quizás no todo el libro pero sí pasajes importantes, a veces dictados por el azar de por donde los abro.

Están en navidad las cenas y almuerzos pantagruélicos, esos que te dejan fisiológicamente molido y anímicamente sin ganas de nada. Son un peaje que hay que pagar para conseguir la libertad de la lectura. Pensemos que si nuestra sociedad no concediera tanta importancia a esta fiesta, no tendríamos tantos días de asueto.

Se quedó desnudo el niño que acusaba al rey de estar desnudo

Con motivo del aniversario de la Constitución he leído (con bastante cansancio, es verdad, y a destiempo por la desgana) los argumentos de algunos que nos recuerdan que en Alianza Popular hubo seis diputados que votaron en contra de la Constitución Española en el Congreso de los Diputados. Apuntalan así que el Partido Popular tiene intereses espurios o carece de legitimidad para defenderla hoy en día y, sobre todo, para negarse al proceso constituyente que la sociedad y la izquierda están pidiendo (aunque en realidad es una mínima parte de la sociedad y una mínima parte de la izquierda.)

Leo los nombres de los diputados conservadores que votaron en contra de la Constitución entonces: Gonzalo Fernández de la Mora, Alberto Jarabo, Pedro de Mendizábal, José Martínez Emperador y Federico Silva Muñoz. Todos ellos están fuera de la política, de la vida habría que decir pues, si no me equivoco, todos han fallecido. Todos fueron relevados y sus ideas preteridas en el PP.

Entiendo, aun así, que la izquierda crea que las ideas de aquellos siguen hoy presentes. Si tenemos en cuenta que aún siguen pensando que la Revolución de Octubre (de 1917), la Gran Revolución Cultural Proletaria (entre 1966 y 1976) o que la Revolución cubana (entre 1953 y 1959) son logros que debemos mantener o repetir. Si tenemos en cuenta que una parte de esa izquierda se aferra al delirio de las conquistas sociales del dictador Fidel Castro, o que los cambios sociales y políticos de la últimas décadas no les han dado motivos para pensar el mundo dando entrada a nuevos actores, factores y paradigmas, si, en definitiva, muestran una actitud conservadora, e incluso reaccionaria, entendemos que señalen a los muertos en el PP para pedir que el partido se mantenga en sus trece de hace 38 años.

El movimiento del PP y su lanzamiento por la borda de sus antiguos prejuicios, deja desnuda a la izquierda que se dice progresista, y se mueve superficialmente, pero mantiene un monolitismo conservador y estático en la esencia.