Abandonar, por así decir, la última orilla

Hay un momento de la vida, doloroso y lúcido, en que uno ha de darse cuenta de que no  puede seguir siempre con los mimos hábitos, con los mismos amigos, con las mismas lecturas y música; con los mismos directores. Es un momento doloroso, un momento que casi nadie suele ni puede compartir, uno de esos que  la sabiduría popular rechaza porque lo que a la sabiduría popular (ja ja ja) le importa es la coherencia y el mantenimiento de sí mismo a los cincuenta tal como era a los quince. (¡Allá ellos, acartonadas estantiguas!)

Hay que romper, separarse, por así decir, de la última orilla, como dejó escrito el filósofo. Así, negándonos a la nostalgia, logramos no dar apoyo a lo que solo son vulgares obras de un yo hipertrofiado, que busca, quién sabe la razón, la sensiblería, el fácil reconocimiento del espectador. Así, intransigentes, no daremos por buenas las que son excusas de la nostalgia y de la pereza intelectual, o, aún peor, de las creencias firmemente asentadas en la costumbre y en el hábito.

Me refiero a que hubiera sido mejor no haber ido a ver la última película de Goran Pascalievich, pero se puede aplicar a muchísimos otros ámbitos.

Intimidad/ extimidad

Las redes sociales son para los nuevos políticos como el Hola para los antiguos y para la vieja aristocracia. Si por el Hola nos enteramos de que tal o cual duque casa a su primogénita con el benjamín de otra abolenga familia, por twitter o por facebook Alberto Garzón (creo que era él) nos comunica que ha pedido matrimonio a su novia o compañera. Por esas redes nos enteramos de que Pablo Iglesias había roto con su novia, y que la alcaldesa de Barcelona, la Evita del Ensanche, está embarazada. (Eso sí, los anuncios de los duques poseen la tintura ajada de lo decadente del que estos nuevos políticos, con sus chanclas y desaliño carecen.)

La nueva política tiene sus nuevos canales de comunicación que son idóneos para lanzar consignas y para abolir la intimidad. Cierto es que les anima una irrefrenable egolatría y una ansiosa necesidad de ser el foco de atención a todas horas. También debemos tener en cuenta que el nuevo político es solo un actor, un performático actor, al que, por supuesto, no se le puede pedir un razonamiento mínimamente complejo. Eso excede los 140 caracteres y su capacidad analítica y sintética. El nuevo político, ya lo dijo, no puede dejar las performances porque solo es eso, performance, pura superficie.

Pero además hay un proyecto político en marcha con la abolición de la intimidad: el control total de las subjetividades, Si en el siglo XVIII fue el panóptico, como bien analizó Michel Foucault, el modo de controlar socialmente las subjetividades, y en el siglo XX ese papel lo desempeñaron los delatores que abundaron en la URSS, los países del Telón de Acero y en Cuba, en el siglo XXI es la llamada extimidad, concepto confuso que solo tiene como función acostumbrar a la gente a que viva de cara a la galería, a que su subjetividad tenga, por decirlo de algún modo, paredes de cristal y todo sea visible. (Para otro momento dejo, la ola de puritanismo que lleva aparejada.)

Ante ello, claro, ni facebook ni twitter, y a vivir como el emboscado de Ernest Jünger.

Non serviam!

Fantasma y espejo

Por fin ha llegado el otoño, me refiero al clima porque la estación llegó semanas atrás. Han llegado las lluvias, el ambiente húmedo, el frío suave y una menor fuerza de la luz. En el poema volvían las oscuras golondrinas, o como escribió Emily Dickinson:

These are the days when Birds come back—
A very few—a Bird or two—
To take a backward look.

These are the days when skies resume
The old—old sophistries of June—
A blue and gold mistake.

 

Son días de regreso, de  la música clásica, por ejemplo, ausente durante los veranos. Es el momento de volver a las canciones religiosas de Benjamin Britten, a las últimas sonatas para piano de Ludwig van Beethoven o a sus últimos cuartetos, también.

Llevo ya  casi dos meses de clases, y en estos últimos días, mientras explicaba “The Windhover”, he recordado a un profesor que me lo explicó a mí, y he sentido que él estaba como un espíritu, en la clase, superpuesto a mi figura. Como si yo, cada vez más, fuera él.dos meses de clases, y en estos últimos días, mientras explicaba “The Windhover”, he recordado a un profesor que me lo explicó a mí, y he sentido que él estaba como un espíritu, en la clase, superpuesto a mi figura. Como si yo, cada vez más, fuera él.

Día del sentimiento

Leo un artículo en El Español en el que me aseguran que estoy alienado, aunque no me dé cuenta, y que hay un grupo de gente que está dispuesta a curarme de mi enajenación. En un primer momento creía que era un artículo sobre religión. Resultó ser de política, de eso que llaman la nueva política y que es tan vieja y rancia como la antigua. En el fondo, lo que queda claro es que esa gente no acepta la libertad individual y solo permite que los demás hagamos lo que ellos mandan. Se entiende así las performances indigentes que han ido llenando el espacio público y vaciando el espacio político. Alguien se preguntaba, hace meses y a propósito de una de esas performances a favor de los animales, si los activistas podrían vivir sin hacer teatro. La respuesta es obvia: no, no pueden vivir sin teatro. No olvidemos que el teatro tiene sus orígenes en representaciones religiosas, y que solo con el tiempo se desacraliza.

Pero yo en realidad de lo que quería hablar era de sentimientos, del dominio del sentimiento sobre la esencia y sobre el pensamiento. Hoy es el día del sentimiento. Hoy mucha gente, decenas, centenas, millares no se sienten españoles. Muchos han desconectado sentimentalmente de España (¡la cursilada es morrocotuda!). Son españoles pero no se sienten eso. Lo curioso es que no se percatan de la caída en la indigencia intelectual. Tampoco en que es un modo de aceptar la derrota.

¡Pero que importa eso si el sentimiento te atora la capacidad de pensamiento recto y vives feliz y contento! ¡Ay, esos que no se sienten españoles y son tan parecidos a los que apoyaron a Fernando VII en su regreso!

Actualización:

Hoy también es el día del pecado original. En 1492 Cristóbal Colón y unos cuantos más descubrieron América y comenzaron su colonización. Aquello duró unos cuantos años, pero los creyentes siguen hoy en día diciéndonos que somos culpables de aquello por el mero hecho de ser descendientes de aquellos que colonizaron América. Descendientes o supuestos descendientes, que no estaría mal analizar cómo se ha diluido el adn de los colonizadores gracias a los inmigrantes que han ido poblando España durante esos siglos. Esto, lo sé, los que no se sienten españoles lo negarán, y nos argumentarán que todos descendemos de la pata del caballo del Cid.