Viaje

La luz y el frescor matinal de la clara mañana dominical entran por los abiertos ventanales del apartamento. Apenas se escucha a algunas personas; el domingo ralentiza y enmudece las ciudades. En breve saldrá el autobús y nosotros con él, de vuelta, aunque el trayecto dure casi tanto como desplazarse a Nueva York. Esto es una de esas anomalías entrañables de este mundo: mientras que a cualquier capital apenas tardas unas horas, viajar de una  iudad de provincias a otra puede llevarte un día completo.

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