Con el viento solano

Ya ha llegado el calor; el de verdad, el que viene con el viento solano, el que despuebla las calles de la ciudad hasta la caída del sol. Siempre en esta época me acuerdo de Cesare Pavese, novelista que leí con gusto en mi juventud y del que guardo algunos volúmenes, ahora cubiertos por el polvo o por otros libros, o por el olvido.

Eran las historias de Pavese las de un país, en su sentido primigenio, seco, atrasado, primitivo. Historias donde la gente no lograba alzarse contra el determinismo de la naturaleza, mucho menos contra el de la sociedad. Pavese me lleva al neorrealismo italiano, también marcado por ese determinismo social y la alargada sombra del fascismo.

El sol cae a plomo, el viento quema la piel. Es el desierto y la sequedad de la Castilla interior.

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