La cultura buena y de verdad no es la de los turistas

Esta es otra entrada hablando de turismo. Aunque no lo parezca. En realidad más que de turismo de lo que hablo es de los exqusitos que miran con condescendencia a los turistas. Lean si no el artículo de Valeria Luiselli en EP sobre su decepción al ir al Louvre.

La buena mujer quedó decepcionada porque el cuadro que ella quería ver, también lo estaba viendo mucha gente. Imagino que debe de resultar un gran chasco pensar que lo que era una experiencia estética única, algo que iba a pertenecerte, incluso que iba a ser algo que solo habías compartido con unos pocos: Erwin Panofsky, Aby Warburg, Stendhal, Marcel proust, es solo algo que compartes con un montón de personas que, además, van como tú, con deportivas, camiseta, y una mochila que han dejado en consigna.

¡Qué terrible la sociedad de masas!, ¡qué maravilla los individuos capaces de gozar individualmente y de manera autónoma de las obras de arte!, ¡qué olvido de las construcciones culturales, de las modas en décadas pasadas!, ¡qué bendición se un recién nacido!, o como decía Gimferrer: “Si pierdo la memoria, qué pureza.”

“La cultura del capitalismo rapaz ya terminó de transformarlo todo en producto de consumo instantáneo, o que el turismo ya es puro porno cultural: mucha luz, poco sexo.”, nos dice la opinadora. Sí, como los partidos políticos que son primero radicales, luego transversales para acabar diciendo que son socialdemócratas. O como aquellos que celebran a los Rolling Stones porque representan la contracultura, ellos, que viven en un paraíso fiscal. O los Ramones que son punk y uno de sus miembros era de la Asociación Nacional del Rifle y votaba a Ronald Reagan y George Bush (aunque bien visto el punk es una creación cultural del capitalismo tardío, con todas sus consecuencias). O las modas de la izquierda pasando del leninismo al estalinsmo para luego ir al maoísmo o al castrismo o a la vía socialsta del Magreb con Muammar El Gaddaffi como Ché del Magreb (así los llamaban en los años 1970) y ahora Venezuela o Grecia, que ya han sido abandonadas.

Luego estaba Michel Foucault que dio en el clavo cuando dijo: yo soy capital, yo pienso capital. Al fin y al cabo con 445 000 obras, y que la periodista se detenga en la “Mona Lisa”, al igual que tantísimos turistas (¡qué horror!)

Nunca he tenido el problema de la periodista. La colección de arte de los Países Bajos tienen muy poco público. Turistas, sí, como yo y como ella y como todos (con las escasas excepciones de profesores de arte, museólogs, y otros relacionados con ese mundo.)

En fin, cada uno se queja como puede, de lo que puede y como puede. O se siente superior a los demás. Yo a los museos voy solo a contemplar las obras, y me reconforta que haya gente que también las vea.

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