Órbitas de pedrería

Fraile_Orbitas.JPG

[…] Y también eligió la noche más hermosa […]

Eduardo Fraile

 

Anuncios

Primavera lejana

Delante de La Curva, había unos árboles, no sé bien cuáles. Había quien decía que eran ciruelos japoneses, aunque obviamente no lo eran. En primavera, algo tardía, la floración era espectacular y breve. Luego quedaba solo el recuerdo de los pétalos marchitos por el suelo.

Viajes y estancias

 

 

Me recuBonelaerdo de pequeño en Casarabonela, varada toda la familia durante tres meses en una pequeña finca que alquilábamos. Mi padre, es cierto, iba y venía en junio y julio a Málaga por cuestiones de trabajo, pero nuestra madre y nosotros, los tres hermanos, nos mudábamos allá por el quince de junio y no regresábamos a la capital hasta que no se acercaba la segunda quincena de septiembre. Era nuestra Arcadia cuando aún no sabíamos que existía, cuando ni siquiera la necesitábamos.

Nuestros veranos eran sedentarios: la mañana la pasábamos en la finca y nos bañábamos – quizás solo nos remojábamos – en la alberca. Cuidábamos de unas pocas gallinas, regábamos la huerta, robábamos ciruelas porque la dueña del frutal no las comía y dejaba que cayesen a la tierra y allí se pudrieran. Por la tarde, con la fresca, bajábamos al pueblo a casa de una tía, en la plaza, una casa enorme de tres pisos, más patio donde en su tiempo hubo conejos y los retretes al aire libre.

Luego, al mudarnos a Soria, dejamos de volver al pueblo cada verano, pero no nos volvimos más viajeros. Sí que hicimos algunos viajes por Extremadura, sin contar con todas las veces que fuimos desde Soria a Málaga para visitar a la familia, pero estos viajes no contaban como tales. Eran simples desplazamientos a una ciudad que en gran medida era la tuya aunque ya no vivieras allí.

Los veranos de Soria están marcados por las lecturas intensivas, casi frenéticas, y la música. Fue entonces cuando moldeé mi manera de estar en la vida: entre libros y discos, espectador lejano de un mundo que por aquel entonces me interesaba mucho pero respecto del cual guardaba una cautelosa distancia. Eran meses de mucho sosiego, pues apenas salía entre semana y solo los viernes y sábado permanecía en la calle más tiempo, algo que agradecía pues dejar que llegase la noche y el calor disminuyera era algo que agradecía entonces y agradezco aún ahora. Solo un par de veranos me ausenté de Soria: uno a Italia y otro a Francia. Eran aventuras muy controladas, pues íbamos en una excursión con muchos otros turistas, gente con la que tenía poca relación, aunque la curiosidad por otro país nos hubiera unido durante una quincena.

Luego, poco más, un verano en Exeter, y ya de mayor, París varias veces, Praga, Portugal y, sobre todo, Estados Unidos. Imagino que mi desinterés en viajar viene de la infancia y adolescencia, e imagino que otros muchos han crecido con el sueño del viaje como aventura.

Ahora, sin embargo, observo una reacción muy cercana al resentimiento en contra de los turistas. No sé si el programa de itnercambios Erasmus ha facilitado tanto el viaje y las estancias en otros países que ya eso del viaje lo vemos con cierto empacho y pereza o si, en realidad, no es más que un retorno a la antigua actitud española rancia y cateta que se resume en dos frases: “Como en mi pueblo en ningún otro lado” y “El mejor cocido es el de casa”. Al fin, creo, los promotores son esa gente que ven con recelo al que viene de fuera, no necesariamente extranjero. (Es cierto que cuanto más exótico el extranjero más tenderá el español a congraciarse con él para mantenerlo en un situación subordinada, como más o menos explicó Edward Said.) El extraño rompe la armonía, la paz y la tranquilidad de que disfrutamos en casa. Es causa de todo lo malo, siendo lo malo una simple variable dentro de una función que exalta la xenofobia.

Claro que como no pueden dejar de viajar – en el fondo es algo que les encanta – para distinguirse de los otros viajeros han inventado las categorías de viajero y turista, siendo esta última peyorativa, deleznable incluso, y la primera algo distinguido, aristocrático en cierto modo.