El gesto

Al contrario que, por ejemplo, Henry James que se pasó la vida buscando y construyendo una cultura elevada, densa, digna, en el fondo, de su nombre, hoy lo que importa es el gesto. No la cultura, no la profundidad intelectual de lo escrito, lo pintado o lo filmado, no. Importa el gesto, el aspaviento habría que decir si queremos ser exactos, que es, según el diccionario de la Real Academia, “demostración excesiva o afectada de espanto, admiración o sentimiento”.

Por eso hoy, entre los aspaventados de la cultura, Leopoldo María Panero tiene tanto predicamento. No les importa la poesía de Panero, no. Al fin y al cabo, cualquier buen lector de poesía sabe que LMP solo tiene tres libros de poesía buenos (los tres primeros) y que el resto son hojalata o herrumbre, donde a veces, algo – uno o dos versos – fulgen.

Pero eso importa poco. Importa poco porque apenas hay lectores críticos – es decir, con criterio – de poesía. Importa, ahora, únicamente el gesto. Y el aspaviento. El gesto de LMP que se fabricó una pose de maldito y el aspaviento de sus seguidores – pobres y tristes seguidores de un gesto aspaventado – que ni saben de poesía – por más que emborronen cuartillas – ni les interesa lo más mínimo la poesía – por más que el palabro no se les caiga de la boca.

El gesto aspaventado es lo que define nuestra época cultural. Y la reacción en cadena en las redes sociales sin el menor criterio ni rigor ni soberanía propia.

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