No engañemos a los niños con los Reyes

En Madrid, rompeolas de las  plurales Españas, o algo semejante que decía el cronista oficial, ha corrido la especie por sus mentideros en estas últimas semanas de que la cabalgata de Reyes iba a tener una Reina Maga, y han saltado las chispas.

Uno, que ya por fortuna es viejo y las absurdas efusiones falsamente juveniles, ni siquiera joviales, (u otra cosa cualquiera) de las plurales izquierdas hispanas no le animan, desea que, por lo menos, las cosas sigan un curso no mucho más absurdo de lo que era antes. Desearía también que los políticos cumplieran sus promesas, y que si en el programa político con el que se presentaron figuraba la separación Iglesia y Estado, lo cumplieran.

Esto no es así. Las plurales izquierdas hispanas, en su afán de ocupar todo el espectro social, incluso el que ni les pertenece ni tienen derecho a entrar en él siquiera, se dedican a monopolizar el imaginario cultural (me perdonen la cursi expresión). Así, la alegre y faldicorta izquierda hispana – además de plural –  agarra la Cabalgata de Reyes y la transforma en un carnavalillo multicultural con descendientes de esclavos afroamericanos y mujeres – lo que Antonio Escohotado ha llamado víctimas sin delitos. Da igual que los afroamericanos no aparecieran hasta el siglo XVII y la tradición cristiana llevara por entonces uno cuantos siglos de existencia. ¡Qué clase de obstáculo es la realidad para quien está empeñad en establecer los nuevos valores de la Formación Nacional-Progresista!

Permítaseme, entonces, como buen y solidario ciudadano, hacer una serie de propuestas. Modestas, por supuesto, y sin afán de lograr renombre o alguna prebenda del tipo concejalía de la nada hecha vanidad ventosa, o por más claramente decir, entre otras, Concejalía de Ciclo de Vida, Feminismos y LGTBI, por solo poner un ejemplo.

Comencemos por el que siempre fue el último de los Reyes Magos. Baltasar, negro, fofo y barrigudo. Cámbienlo por un joven príncipe nubio de los que, provenientes de Egipto, ocuparon la noche de innúmeros poetas homoeróticos hispanos, por aquello de no dejar lugar a los turistas que nos inundan y nos pervierten. Viene luego el Rey pelirrojo. Este deberían sustituirlo por un transexual como los que protagonizaban la película Priscila, Reina del desierto. Cobrarían dos pájaros de un tiro, aunque la expresión cinegética les moleste y la prohíban en breve nuestros modernos y libertinos munícipes. Imaginemos un rey o reina alto o alta, esbelto o esbelta , bien dotado o dotada, arriba y abajo (aquí con disimulo) y que, bajo su gruesa capa de maquillaje, latiera el solidario corazón de quien más allá del rímel y el lápiz de labios, se preocupase por la cenefa de las braguitas o el sabor de los preservativos. Por último, nos quedaría Melchor, el más difícil, aunque con un mínimo de imaginación (que ya sabemos es lo que utilizan quienes no pueden echar mano de un poco de inteligencia) podríamos sustituirlo por una Milf, siempre que, contra las ideas de la doxà homofeministaantipatriarcalistapropalestinaantisemitaantisistemasolarprolunaluneracascabelera, se depilen al menos dos veces a la semana y se duchen todos los días.

Son solo mínimas y modestas propuestas para unos grupos plurales que exigieron la separación del Estado y la Iglesia y que ahora, en Madrid, rompeolas de las plurales Españas o en Valladolid, ciudad del Paraíso, han olvidado lo que propugnaban. Al menos, a las ocas las dejan tranquilas, que con tanto trajín de pasearlas en las cabalgatas, luego el escalope de foie que recubre el tournedó Rossini no tiene la jugosidad ni la textura que se espera de él.

Al fin, en Madrid, rompeolas de las plurales Españas, y en las ciudades del cambio en que solo cambia la banalidad maquillada, uno esperaba que los regidores y munícipes impusieran la tan anhelada como hoy en día lejana separación entre la ley y las creencias religiosas. Por lo visto no es así, al contrario, agarran cual quebrantahuesos el bastón de mano y las viejas creencias para perpetuarse con la superstición y la ignorancia de su lado.

Y luego dirán que hay que decirle a la juventud que es la mejor preparada de la historia y que el sistema de pensiones español es sostenible.

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