Tierra yerma

De repente el tiempo ha cambiado. La niebla es intensa y la humedad es elevada. Hace frío y es desapacible pasear por las calles por el simple gusto de pasear. Es lo normal a estas alturas del año. Altura o ya bajura porque en nada cambiaremos de año, y siento que en estos últimos meses vamos cayendo en picado hacia nadie sabe dónde. No es el momento de aceleración histórica que dijo Walter Benjamin, el jeztzeit de su tesis XIV sobre filosofía de la historia.

El momento no está preñado con múltiples posibilidades. En realidad solo hay una: la caída por el barranco. Lo que aún no sabemos es la velocidad que alcanzaremos.

No olvidemos que en ese momento único el ángel de la historia corre, se aleja despavorido y vuelve la cabeza para mirar atrás y contemplar el tamaño de la catástrofe. Un ángel que tiene sus reminiscencias mesiánicas en Benjamin. El arcángel con la espada se aleja del campo de batalla una vez que la ha iniciado. En una tierra yerma, abandonada por la divinidad, la Humanidad lucha y el resultado es el acabamiento de toda esperanza y el regreso a la errancia, como en épocas pasadas.

La pregunta es cómo un materialista puede albergar todavía sueños o ilusiones proféticas.

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