Gentrificación

Gentrificación: n. Es barbarismo tomado del sustantivo inglés gentrification.

Este alude a un proceso de reestructuración y urbanística de un barrio depauperado en el que la población que lo habita es desplazada por gente venida de otros lugares atraídos por las condiciones de vida de dicho lugar. En bastantes ocasiones la transformación da lugar a un barrio donde la cultura, el arte y la bohemia tienen un papel preponderante. Es, por poner un ejemplo, lo que ocurrió en Chueca: de barrio marginal donde predominaba el menudeo de la droga y la prostitución callejera se pasó a  un barrio de clase media, bohemio y de población eminentemente homosexual que llegó a ese barrio atraída por el precio de los pisos y la libertad de costumbres.

Habría que aclarar algunas ideas: la primera es que lo que se llama población originaria también llegó al barrio entre veinte y cuarenta años antes. La segunda es que al igual que sus sucesores, los primeros habitantes llegaron allí gracias a los planes urbanísticos del gobierno. En tercer lugar, que toda zona que no estuviera en el extrarradio en medio del campo, era un lugar ya ocupado y habitado que ha sido varias veces reformado en mayor o medida. En conclusión, ni las personas somos árboles cuya semilla cae en un lugar y allí permanecen para siempre arraigados al suelo , ni la ciudad es un conjunto museístico que es intocable. Lo curioso es que esto de la ciudad intocable tiene un origen plenamente romántico, que es en este caso lo mismo que estético. El gusto y la atracción por las ruinas lleva al Romántico a  predicar su mantenimiento tal y como las ha encontrado. Aunque es consciente de que no siempre fue así, no quiere que el paso del tiempo siga actuando sobre ellas. Algo similar sucede con las ciudades, aunque la gente sepa que toda ciudad ha tenido una evolución, esa misma gente desea que detenga su evolución justo ahora que ellos la habitan. Es en el fondo una expresión del instinto conservador propio del ser humano.

En cualquier caso, lo importante no es que la palabra sea un barbarismo ni que los teóricos de la parálisis urbanística estén equivocados. Lo importante es la gente que utiliza el término, ese barbarismo. Son gente joven, con inquietudes políticas y culturales, eso dicen, pero que desconocen lo más esencial del lenguaje, pues podrían utilizar, si tuvieran un mínimo de conocimiento del mismo, el término aburguesamiento, por poner un ejemplo. Son jóvenes cuya educación ha tocado mínimos, o peor aún, pero a los que los políticos han halagado sin rubor cuando les mentían al decirles que eran la generación que mejor educación había recibido en toda la historia de España. Baruch de Spinoza explicó las razones subyacentes al halago. A él me remito.

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