Paseos, cine, películas

Hay veces que lo mejor no es siempre la atracción principal, en este caso las películas a concurso y las que están fuera de él. El simple paseo a media tarde de un cine a otro es un reclamo poderoso para estar inmerso en la SEMINCI. Esta es cine sobre todo, sí, pero son también los paseos, la luz suave de la tarde temprana, las mañanas frescas en que el solo hace su aparición casi entre un redoble épico que escuchamos solo en nuestras cabezas. Es también el momento en que vemos a aquellos que ya no viven en Valladolid pero regresan durante una semana para atracarse de cine. Nos vemos y nos saludamos tímidamente, ocupamos siempre el mismo asiento en los ciclos de directores, de cinematografías – concepto inexistente porque presupone un modo idéntico de hacer cine que los buenos directores se encargan de destruir. Mismo asiento, misma fila, misma sala, mismo cine: así durante todo una semana dos o tres veces al día. Hay quien se ve cuatro o cinco películas cada día, pero la resistencia física disminuye y es mejor no forzar mucho.

El cine: las historias, los casos verdaderos, las exploraciones por pasajes de la historia que desconocemos o de los que tenemos una idea errónea. ¡Tantos casos, tantas pasibilidades! La ficción es una provincia – permítanme el anglicismo – vasta pero no lo es menos, por lo que parece, la realidad. Si nos gustan las películas de ficción, los documentales sobre personas reales o sobre un suceso histórico no nos atraen menos.

En la ficción – nos ocurrió ayer – vemos películas buenas pero cuyo punto de partida a veces falla. En 45 años, buena película al final de todo, el director busca los intersticios escondidos, silenciados, de una vida en común. Está bien llevada, muy bien interpretada, las localizaciones son maravillosamente inglesas (espero que se note la ironía del sintagma), pero está también en el siglo XIX Henry James, el maestro, el que buscó esos intersticios, esos momentos silenciados, guardados en los desvanes hasta que la muerte o el descuido, los saca a la luz, polvorientos al principio, desprendiendo luego un brillo cegador. Nunca fue cómoda la lucidez ni agradable el conocimiento que revela lo que te han mantenido oculto durante toda una vida. Lo que pudo ser, lo que fue, lo que creímos que había sido. El fogonazo final, instantáneo y sorprendente de la verdad seca en medio del bullicio.

Hoy volveremos a las salas: los mismos asientos y las mismas filas. Volveremos también a los paseos agradables, reconfortantes incluso, entre película y película.

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