El horror, tan cómodamente contemplado desde nuestras confortables casas

Hoy Gabriel Albiac trae en su columna el dosier César sobre la tortura practicada en Siria en los últimos años. La lectura del mismo explica en gran medida la avalancha de refugiados que se han encaminado hacia Europa. Entre la muerte y la torura ciertas en Siria y el futuro incierto de pobreza y miseria, un europeo — pobre criatura malcriada por la abundancia y la banalidad — diría que no quiere saber nada de la miseria, de la ausencia de sanidad pública, de la ausencia de pensión a la hora de jubilarse, etc. Los sirios, cuyos brutales sucesivos gobiernos no les han permitido banalizar, prefieren la huida, el éxodo, la incertidumbre, estando vivos, a seguir viviendo en un país con un único partido en el gobierno, de ideología nazi (y no es ni símil ni analogía el uso de este adjetivo sino calificativo exacto).

Las fotografías son elocuentes. Alguno habrá, sin embargo, que hablando en nombre de la fraternidad y la no violencia y las consecuencias que vienen luego (se refieren a que vengan más refugiados) dirá que es mejor no utilizar la fuerza. Seguro que esgrimen el ejemplo del PaPaPaCo.

Siempre les quedará a estos equidistantes, dentro de cincuenta años, cuando el dictador sirio está ya viejo, decrépito y no tenga fuerzas, pedir una orden de captura para juzgarlo por crímenes contra la Humanidad, o quizás, mejor, esperarán hasta que esté muerto, enterrado y comido por los gusanos para juzgarlo in absentia. Para evitar cualquier contratiempo.

Es una gran suerte que muchos de esos que piden no intervenir no se sientan europeos, porque yo que, además de serlo, lo siento y creo que es nuestro mejor futuro, no tengo así que renegar de Europa.

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Actualización a las 23:00

Vengo pensando todo el día en los animalistas. Entre otras lindezas, los que están en contra del Toro de la Vega, amenazan a grupos como La Unión, que quiere dar un concierto en Tordesillas, o a Luis Martín Arias, que defiende el Toro de la Vega. En este caso, además, lo someten a un proceso inquisitorial con repercusiones en un programa de televisión estatal, y lo amenazan en su ciudad mientras pasea a su perro.

Estas personas tan concienciadas y preocupadas por el maltrato animal, sin embargo, no dicen nada cuando se les cuenta que en Siria hay torturas y se les enseña el dosier.

Lo que no quieren para los animales, lo permiten para otras personas.

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