Extrañeza

Uno siente leve desasosiego al revivir lo que vivió años atrás, una impresión que es en cierto modo sombría porque recupera uno aquello que creía haber dejado atrás, cuando tiene que releer las galeradas de un capítulo que escribió dos años atrás en el mismo lugar donde ahora se encuentra.

Había una promesa de novedad en el viaje aunque estuviera atenuada por nuestro conocimiento previo de la ciudad y de la Universidad – sobre todo de la biblioteca – pero que se dé la coincidencia de tener que revisar lo escrito aquí en el pasado era algo con que no contábamos.

La vida es, en gran medida, un volver sobre nuestros pasos, aunque nunca imaginemos sobre cuáles, lo que, sin duda, añade interés y emoción, poco en verdad pero al menos algo. Para contrarrestarlo solemos repetir nuestros hábitos, asentar nuestras costumbres en lo repetitivo, releer libros, volver a ver películas, las películas de nuestra adolescencia.

Apenas son las ocho y media de la tarde y ya es noche oscura y silenciosa, como suelen ser aquí las noches, llenas del suave susurro de las hojas de los árboles que muy de vez en cuando interrumpe el motor de un coche que se pierde en la lejanía, acaso sea John Milner en su infatigable búsqueda , cual moderno Sísifo, del tiempo detenido.

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