La verdad, por dura que sea

Vuelve el ránkin de las mejores universidades del mundo – el índice de Shangai, como se lo conoce popularmente – y quien más y quien menos se pone a disertar sobre él en una barra de bar, entre dos o tres cañas o unos chatos, para criticar el sistema universitario español; los hay también que son periodistas y escriben sobre el tema, en su gran mayoría para atizar una colleja a la Universidad española. Está bien, es lo que tiene la libertad de expresión, que cada uno puede decir lo que le dé la gana.

Otra cosa muy distinta es tener razón, o – aún peor—callarse datos relevantes. Esto lo digo porque en los artículos que leo sobre el tema – algunos escritos por periodistas que dicen querer mantener el sistema universitario español público – callan lo más importante. De las 13 primeras universidades del ránkin, 8 son privadas. Las públicas son Oxford, Cambridge, California Institute of Technology, University of California Berkeley y University of California Los Angeles (estas dos últimas pertenecen a la Universidad de California aunque sean cámpuses distintos y tengan una estructura independiente). Muchos pensarán que estas universidades están financiadas sobre todo por el Estado (el Reino Unido en el caso de las británicas y el Estado de California en el de las americanas). Pues bien, no es así. En el caso de Berkeley, por ejemplo, el Estado de California solo aporta un 13% mientras que el resto proviene de tasas que pagan los alumnos, ingresos por investigación, contratos con empresas, donaciones, etc. (Puede que al lector interesado de verdad en el tema le interesa saber la financiación de otra de las universidades públicas que están en lo alto de la lista, la de Washington, a la que el Estado solo aporta un 5%)

En el caso de Oxford, el dinero que pone el Reino Unido ronda el 16% del total del presupuesto, y son becas que cubren costes de enseñanza e investigación.

A ello hay que añadir que el sistema universitario anglosajón ha desterrado casi completamente esa figura del profesor con plaza fija hasta su jubilación. Ahora, los presidentes de las universidades americanas – que son nombrados por el Gobernador de cada Estado – contratan durante un número determinado de años a los profesores en base a sus méritos académicos y de capacidad para buscar contratos y proyectos de investigación financiados que engrosarán las arcas de las respectivas universidades. En el Reino Unido las cosas son muy similares. Por supuesto, si al profesor le han concedido un Premio Nobel u otro de igual categoría se lo rifarán las universidades, si tiene una presencia pública importante que atraiga a los estudiantes a la universidad donde él da clases, también tendrá un buen puesto asegurado y un sueldo muy superior al de un profesor español. Si no entra dentro de ninguno de estos grupos seguramente vaya vagando por las universidades estatales que sobreviven mal que bien en la zona baja del ránkin.

A lo mejor esos periodistas, esos tertulianos, esos catedráticos de barra de bar tienen razón – no voy a tenerla yo siempre – y lo que tenemos que hacer es copiar el sistema americano: al rector lo elige el Presidente de la Comunidad Autónoma, los profesores no adquieren nunca el estatus de funcionario, sus contratos, y sueldo, se revisan cada cinco años y la financiación universitaria es en su inmensa mayoría privada.

Es graciosísimo, por lo que tiene de patético, ver cómo algunos periodistas, por atacar a la universidad española, terminan dándole la razón a Wert cuando este ya no es ministro.

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Actualizo con los precios de las matrículas en algunas universidades. Son todas matrículas para estudios de grado y son precios por año.

Universidad de Oxford (Pública): £ 9000 más de 12500 € al cambio.

Universidad de Harvard (Privada): $43,280.00 son 39000 €

Universidad de Washington (Pública): 11839 dólares si resides en el Estado; 34143 dólares si no resides en el Estado (1670 y 30774 euros respectivamente).

Universidad de California Berkeley (Pública): 16293,5 dólares si el estudiante reside en el Estado de California; 31395,5 dólares si no es residente (14668 y 28303 euros respectivamente).

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Ensayos

Leo un libro que recopila los mejores ensayos americanos de 2011, compilados por Edwidge Danticat de una cantidad poco menos que imposible de leer y previamente seleccionados por un editor. El libro está bien, el nivel medio es alto, aunque haya algunos que no me convencen nada.

Esto se debe a que un ensayo es un escrito no ficcional, aunque todos sabemos que siempre hay algo de ficción en ellos, pero ha de ser lo mínimo y, sobre todo, no ha de afectar a lo importante del ensayo. En algunos de los que llevo leyendo tengo la sospecha de que no es así, que el escritor ha elegido una idea y que utiliza la ficción para exponer sus ideas. Muchos de estos son ensayos autobiográficos, de una autobiografía falsa, claro, porque la mayoría de los hechos son inventados.

Con la excepción de estos – y que repito es solo una sospecha, pero con visos de no serlo – me llama la atención también las veces que citan a Ralph Waldo Emerson, algo que no es de extrañar porque Emerson es el gran ensayista americano, el que comienza la línea de ensayistas (hay alguna excepción, por ejemplo John Hector St John of Crévècoeur). Emerson es una presencia fundamental en Estados Unidos, al igual que lo son Walt Whitman o Mark Twain.

Los ensayos, por ir acabando para volver a la lectura, son amenos, están muy bien escritos, y sobresale entre los hasta ahora leídos el de Christopher Hitchens contando cuando le diagnosticaron el cáncer y el de Victor LaValle contando su vida cuando era obeso.