Fervor de Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna, Ramón a secas, es el escritor de los albores de Madrid, ese Madrid de principios del siglo pasado, situado entre la modernidad y lo castizo, siendo lo primero sin renegar de lo segundo ni hacer de ello un freno. Ramón, con la greguería como instrumento principal, hace una novela que es presentimiento futuro y amplias avenidas de un Madrid que va abriéndose hacia las afueras y hacia el tiempo que va a venir.

Ramón comienza a escribir en los inicios del siglo XX cuando, ironías de la vida o de la historia, todo era posible, vislumbraba la gente un mundo nuevo y las costumbres, la música, la literatura o la pintura viraban hacia nuevos caminos, inexploradas avenidas que dieron en el cuestionamiento de muchos límites, aunque hubo quien, simplemente con la fuerza de la censura, las recondujo hacia la pedagogía estéril del socialrealismo, que tantos de esos llamados artistas siguieron con fervor juvenil.

Ramón, decía, en los inicios de un tiempo que todos creían iba a ser nuevo, en un Madrid que vislumbra una modernidad posible, un cambio que iba a dejar atrás lo rancio castizo de la Restauración y demás monsergas. En ese Madrid alegre, festivo, quién sabe si faldicorto, Ramón descubre que uniendo la metáfora y el humorismo surge la greguería. La greguería es un fulgor de la inteligencia acompañado de la alegría de vivir. Así escribe Ramón sus novelas mayores, que son novelas al modo de las vanguardias con la salvedad de que el tema es castizo, madrileño. Ramón escribe entre D. Benito Pérez Galdós y Francisco Umbral, y crea un Madrid que es nuevo y que Umbral, más tarde habitará y ampliará.

Pensaba Ramón, pensaban tantos otros, que era un tiempo nuevo, en el que todo era posible y que España iba a cambiar, cuando se encontraron con la Guerra Civil, que cambió todo, sí, pero en sentido contrario, y Ramón tuvo que exiliarse, a Buenos Aires. Un hombre libre no podría haber seguido viviendo en España. Luego, con el tiempo, regresó para marcharse definitivamente. Regresó, vio lo que era España, que su Madrid había desaparecido, que su tiempo ya no existía, y se marchó, sin las condenas tajantes al dictador que los políticos aposentados en la URSS lanzaban sin criticar ninguna vez a los sucesivos dictadores comunistas. Volvió a Buenos Aires, con Luisa, solos, libres, sin entrar en logias ni hacer bandera de nada que no fuera la libertad. Ramón, que estuvo en la creación de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, regresó a Buenos Aires seguramente desesperanzado y consciente de que quedarse en España era morir todos los días un poco.

Eran nuevos tiempos, creían, que truncaron el Fascismo y la gangrena comunista que perduró 75 años. Ni con unos ni con otros, libre, vivió Ramón, al igual que las golondrinas madrileñas que tanto le gustaban. Otros, sí, lo sabemos, criticaron al dictador mientras giraban la cabeza para no ver cómo Stalin mandaba asesinar a los Brigadistas Internacionales afincados en la Unión Soviética que lucharon en España por la República y defendieron a los comunistas españoles de los fascistas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s