El terreno

Leo en el diccionario de la RAE las definiciones de terreno:

(Del lat. terrēnus).

  1. adj. Perteneciente o relativo a la tierra.
  2. adj. terrenal.
  3. m. Sitio o espacio de tierra.
  4. m. Campo o esfera de acción en que con mayor eficacia pueden mostrarse la índole o las cualidades de personas o cosas.
  5. m. Orden de materias o de ideas de que se trata.
  6. m. Dep. Espacio generalmente acotado y debidamente acondicionado para la práctica de ciertos deportes.
  7. m. Geol. Conjunto de sustancias minerales que tienen origen común, o cuya formación corresponde a una misma época.
  8. m. Taurom. Porción de ruedo en que es más eficaz la acción ofensiva del toro que la defensiva del torero.

Como era de esperar se refieren en su mayoría a todo aquello relacionado con la tierra (exceptuamos las acepciones 4º y 5º.)

El interés por buscar el significado de terreno viene de la expresión, que tanto se ve hoy en día, tomates del terreno. Es indudable que el tomate – que es una solanácea al igual que la belladona o la mandrágora –, como todas las hortalizas, se cultiva en tierra y no en, por ejemplo, la nave espacial Soyuz III, aunque no se crean que no sería curioso e interesante un cultivo en la exosfera o en el espacio intergaláctico. Si hablamos de posperiodismo, posporno o pospolítica, bien podríamos hablar de posagricultura y postomates de igual modo.

En el fondo, ya lo sabemos, no es una cuestión de distinguir entre tomates cultivados en la tierra y otros en cualquier otro lugar. Se trata solo de señalar eso de la cercanía al lugar de consumo, uno de los mitos más disolventes, destructivos y falsos que circulan hoy en día. Por el mero hecho de estar cultivados cerca de nosotros, ya son buenos; por el hecho de estar cultivados lejos de nosotros, son malos. Da igual la semilla, da igual el tipo de terreno, el abono, la pluviometría, el rendimiento de cada planta, …. Todo aquello que esté cerca de nosotros es bueno. Variantes del nacionalismo, claro, y del monoteísmo.

El terreno, decía, ese mito, esa manera de colarnos el aldeanismo rancio, que es la verdadera faz del nacionalismo. Aún recuerdo a quienes criticaban el libro de recetas de Simone Ortega, 1080 recetas de cocina, por afrancesado. Del rocanrol ni hablamos, claro, la música del diablo venida del Imperio.

Eso sí, yo espero que algún día los tomates vengan de una estación espacial.

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