Tristeza

Hay gente que ha pasado su vida dando razones para alegrar a los demás, no para que vivieran en esa dicha un tanto boba que es en lo que hoy se ha convertido la alegría, pero sí en ese estado en que el espíritu es fuerte y jovial. La tarea es titánica porque resulta dificilísimo mantener la tensión de manera prolongada. Lo queramos o no, siempre hay momentos malos, momentos en que a uno el ánimo se le cae, o se le derrumba.

Aun así, persevera esa gente en ese ánimo jovial, sin que les falte una punta de tristeza, de melancolía o de pesimismo. Al fin y al cabo, hay demasiado estúpido como para estar siempre felices. El estúpido se cruza en tu camino y si no te pone una zancadilla, te aburre con sus monsergas.

Con el pesimismo, uno puede caer en la melancolía o en la ira, y las dos son disculpables en quien ha hecho de su vida un ejemplo de alegría. Depende del ánimo y del mundo para decantarse por una o por otra. Si eres introvertido, te agarrará la melancolía con casi total seguridad, si vives asomado al mundo, quizás sea la ira la que te domine, una ira, claro, rebajada y que no es violenta.

Los pequeños detalles que iluminaban la vida ya no lo hacen: ni importan los amaneceres ni las melodías favoritas, ni tampoco siquiera la poesía, tan melancólica ella tantas veces.

En fin José Antonio Montano también ha escrito sobre el tema, Savater en Empson, de manera más clara y más sagaz también seguramente. Lo he visto cuando ya había acabado este articulito, y prefiero citarlo.

Años antes escribió esto, también sobre Savater

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