Día mundial de …

Ayer fue el día mundial o internacional de algo, y hoy lo es de otra cosa. Mañana también será el día internacional, o mundial, de algo. Buenos deseos o deseos de buenas acciones o acciones y deseos buenas y buenos.

Al fin, nada nuevo pues desde tiempos inmemoriales (por una vez es así y no tienen su inicio en el siglo anterior) hemos tenido el santoral. Este daba un día del año a varios santos para que recordásemos su martirio y tuviéramos al santo, o la santa, como ejemplo en la vida. Por eso las hagiografías – esas vidas de santos donde no ahorraba el escritor los detalles más escabrosos – tenían tanto éxito. La lectura de dichas vidas no era posmoderna – irónica – sino recta. El santo era ejemplo de vida recta que todos debíamos imitar. Aunque hay que reconocer que teníamos a nuestra disposición un gran número de ejemplos muy variados donde elegir.

Hoy en día, en una sociedad que cree estar secularizada, los santos no tienen lugar, pero como no es una sociedad secular, aunque lo rea, lo pretenda y viva como si lo fuera, el santoral no desaparece solo se transforma. (No es secular, y sí muy religiosa, esta sociedad como nos lo demuestra, entre otros, el nacionalismo, el comunismo o el populismo.)

La transformación del santoral ha advenido bajo la forma de los días internacionales. Con una gran diferencia. Si en el santoral todos los ejemplos son positivos, en los días mundiales, predomina lo negativo.

Un gran número de días mundiales son contra algo: contra la pobreza, contra el analfabetismo, contra el cambio climático. Esto viene muy bien al poder político populista. Es muy fácil movilizar a la gente contra algo. ¡Cómo no vamos a hacer algo contra la malnutrición infantil!, o ¡contra la esclavitud sexual! Otra cosa es trabajar a favor de, por ejemplo, la nutrición saludable o del cumplimiento de las leyes. Obligan de manera distinta e incómoda. Contra algo somos cruzados rebeldes, y podemos perseverar en la ilusión de que somos jóvenes – jóvenes rebeldes, ¡ay! Pero trabajar a favor del cumplimiento de la ley o de las razones para vacunarnos nos hace personas normales – aburguesadas, dirá alguno – viejos de espíritu que no desean la aventura de cambiar el mundo (herencia de la religión!)

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s