En la ciudad burguesa

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Un traspié muy bien puede recluirte en casa, incluso casi solo en una habitación durante algo menos de un mes. Esto, si se piensa bien y no está uno atravesado por esa nueva manía moderna del movimiento continuo es mejor que bueno. ¡Cómo si no disponer de todo un mes para ti excusado de toda obligación social! La cama, el sofá, la soledad y la pila de libros y de discos que forman el horizonte de esas semanas.

Acaso solo echa uno de menos en esas horas de la mañana temprana o tardía los paseos; paseos por la ciudad burguesa, claro está, la de las amplias avenidas y bulevares, las de los comercios donde puede uno encontrar de todo, la de los bares con grandes cristaleras. Sobre todo la de los edificios imponentes de la arquitectura Biedermeier o de la época Weimar, edificios que hablaban de la fortaleza y el poder de la burguesía (aunque el estilo Biedermeier reflejase también el desengaño de la burguesía por no poder tomar parte en los asuntos de Estado y significase en cierta medida un retraimiento hacia la vida familiar.)

Hoy en día la ciudad burguesa está en proceso de desaparición, si no ha desaparecido ya y lo que vemos son solo los espectrales restos que sobrevivirán como han sobrevivido las ruinas romanas o celtas, o musulmanas. Hay también quien dice que la ciudad burguesa es el territorio de la represión de las fuerzas revolucionarias, como si en París no hubiese habido ninguna después de su remozamiento con Hausmann.

Pero la historia no importa cuando las ensoñaciones se alzan como medida y método filosófico. Mejor, mucho mejor, entonces, las viejas ciudades medievales, de callejuelas estrechas, casas insalubres, donde apenas llega la luz del sol. La ciudad de los gremios, como si ahora lo gremial no significase la gran regresión, que lo es aunque pocos lo queramos ver (Para esto, si hay alguien interesado, Marx y su 18 Brumario.)

Si los valores burgueses, que al fin y al cabo tienen entre su progenie las revoluciones, incluso la de Mayo del 68 y su nuevo cuerpo revolucionario de jóvenes (¡dónde si no podría haberse dado Mayo del 68 si no es en la ciudad burguesa por excelencia!), están en decadencia, y pinta que van a estarlo por mucho tiempo para ya quizás nunca más levantarse, cómo no lo va a estar la ciudad, ¡cómo no van a preferir algunos las ensoñaciones del pasado de ciudades orgánicamente estables y compactas donde los habitantes (nunca ciudadanos) vivan en armonía!, o esos otros que sueñan con una urbe parecida a la de Blade Runner, siniestra y, en gran medida, virada hacia el pasado.

Si lo pienso bien, el traspié, tan bueno en algunos aspectos, me está quitando ratos de paseo por lo que aún no son los restos espectrales de la ciudad burguesa.

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