Eso que llaman vida y se afanan en vivirla

Cafetería Zorrilla Fin de semana de lectura intensiva, tanta que he acabado dos libros en tres días largos. Tampoco es que fueran muy densos, pero sí interesantes. Una novela de tono juvenil que me ha obligado a volver a mis zozobras adolescentes y unos diarios, los de Iñaki Uriarte, que son un prodigio de finura, elegancia, saber estar en el mundo y distancia de sí mismo. Se nota la presencia fuerte de Montaigne. Poco más se puede pedir al fin de semana, o quizás sí se le pueda pedir mucho más y ocurra que uno se ha acostumbrado ya a la vida mínima. Al fin y al cabo, hay quien el sábado y el domingo lo pasa por zonas escarpadas, roquedales, barrancos y sendas en las que yo, con pasmosa facilidad, me resbalaría para ir a perderme en el fondo con varios huesos fracturados.

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