Nuestra selva y nuestra esperanza

“Todo es movimiento irregular y continuo, sin dirección y sin objeto”. (Michel Montaigne)


Esto de la escritura, lo hemos ido aprendiendo, es un ir de acá para allá, sin orden ni planificación. La escritura o es libre o carece de sentido. Hay algunos, lo sabemos, que desde los inicios tienen ya dibujado el plan de treinta años, o más, de escritura. Otros, los preferidos, se dejan llevar por sus humores y por la vida, meciéndose cual barquichuelas en el mar abierto de lo desconocido. Ellos pueden decir, con Reinaldo Arenas, “el mar es nuestra selva y nuestra esperanza.” Solo eso es la escritura, y no es poco, acaso sea lo máximo a lo que uno pueda aspirar. También podemos hacer nuestra las frases de Jean Paul Sartre que Lorenzo García Vega hizo suyas para romper la racionalidad de la identidad y de la teleología revolucionaria: “Debemos contentarnos con hacer nuestra historia a ciegas, al día, optando por lo que en el momento nos parezca mejor… Estamos dentro.” Sí, estamos dentro, en medio de la vorágine y no logramos ver el horizonte.

Esto, algunos, pocos, logran aprenderlo con la edad. Es el momento que Schelling describió con la frase: “Es duro, por así decirlo, separarse de la última orilla.” El mar, otra vez, el mar, que es nuestra selva, lo ignoto en que, sin miedo ni esperanza, vivir. Es duro renunciar a las certezas que nos han acompañado durante muchos años y, sin embargo, si uno no quiere traicionarse a sí mismo, ha de hacerlo. Ha de emprender el viaje a las tinieblas, soltar amarras perder mucho de lo que tiene sin tener la certeza de ninguna recompensa.

A partir de cierta edad es fácil acomodarse. Siempre me ha resultado muy sorprendente que los heroinómanos fallecen en mayor número en su juventud. Alcanzados los cincuenta entran en una fase de estabilidad en que, sin renunciar a la droga, van sorteando los peligros y las amenazas. Esto es lo que Jim Jarmusch cuenta en su última película, Only Lovers Left Alive. No son heroinómanos, pero en el vampirismo de los personajes, en el placer intenso y extático que experimentan al tomar la sangre, en la ansiedad ante la mera posibilidad de su escasez, se averigua el comportamiento del adicto al narcótico. Son personajes ya maduros, más allá de la revolución de la juventud, de vidas rutinarias y oscuras. Son, en cierta medida, el retrato de tantos que hicieron de su vida un tiempo turbulento y ahora, agotadas las fuerzas, sobreviven entre las sombras. Algo siniestro para esta sociedad pero reconfortante para quien se sabe au dessus de la mélée.

Famille, je vous hais

Almacén El barrio como la gran familia, como el útero freudiano, como una placenta en la que flotamos en su líquido amniótico. Vivir rodeados de aquellos que conocemos desde siempre – que es nunca — , engañarnos con la ausencia del paso del tiempo, el tiempo estático de cuando la historia no existía. Heráclito es el mal: panta rei. Frente a él, el paraíso cristiano anterior a la caída. Que nunca cambie, deseamos. Olvidamos el pasado: cuando no fue, cuantas veces fueron cayendo los edificios, fueron mutando los comercios. El barrio como microidentidad, ya que las grandes narrativas han caído. El museo como deseo de vida: ética y estética unidas: lo estático, lo estancado. La vida codificada en saludos, rutinas y encuentros. El extranjero es el enemigo. Llega, se hace con el botín y huye. El extranjero o lo mudable, lo extraño, lo que no podemos asimilar a nuestra identidad barrial. Un alienígena. El que se sabe hecho de historia y de otros. Ser un extranjero: impugnar el sí mismo, la propia identidad, el grupo. Lo abierto e incodificable. El que dice no.

Grecia, un ideal que fue

Cuentan los rumores que Grecia va a presionar a Estados Unidos y Europa con su salida de la OTAN, así como retirar a sus tropas de Afganistán y de los Balcanes y va a cancelar sus acuerdos de cooperación militar con Israel  para que Europa le condone la deuda. Es el último cartucho que tiene para que Europa le perdone la deuda o se avenga a negociarla.

El problema de Grecia es que desde 1947 se ha sabido necesaria en la estrategia política de contención del comunismo. En 1947, los Estados Unidos pusieron en práctica la Doctrina Truman y para ello dieron a Grecia 400 millones de dólares. Así se aseguraban que los griegos no apoyarían gobiernos comunistas. Luego vino el Plan Marshall, que también les reportó muchos millones a cambio de mantenerse en el aldo occidental en la Guerra Fría. Después, una vez creada la UE, Grecia siguió recibiendo dinero de Europa. Ahora, no quieren pagar y la izquierda española, tan inane, los ensalza.

Grecia se puede permitir ese órdago porque sabe que Estados Unidos la apoya, porque sabe que los Estados Unidos tienen muchísimo interés en mantener allí sus bases militares. Grecia es el chaval consentido que hay en muchas casas que hace lo que quiere porque sabe que sus padres no dejarán de darle dinero. Si sale de la OTAN y de la UE, ¿de dónde van a sacer dinero?, ¿de Rusia?, ¿de Irán?

Es difícil no abandonarse al cinismo viendo la actuación de la izquierda española, ese fantasma al que solo se le conoce una extraordinaria indigencia intelectual. Grecia, uno de los grandes baluartes del imperialismo norteamericano — que utiliza esa arma para presionar – es aplaudida ahora porque como niño rebelde se alza contra quien le ha pagado todo durante tantos años, cuando probablemente solo sea una medida de presión que dejará de lado en cuanto consiga el dinero. La izquierda española, ¡JA!