WHEN I WAS A YOUNG GIRL/ NOCTÁMBULOS

Nina Simone

Sabemos que sabemos de la noche

porque a cierta hora

uno acepta que sólo puede ser

el último eslabón de la pureza

o el sol de la derrota de sí mismo.

Antonio Lucas

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Esclavitud

“La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento de los hombres” (F. Nietzsche)
“No hay esperanza sin miedo, ni miedo sin esperanza.” (B. Spinoza)
Para los cristianos es la virtud teologal por la cual deseamos a Dios como Bien Supremo y confiamos firmemente alcanzar la felicidad eterna y los medios para ello.

Hay que vivir instalados en el presente, sin pensar en un futuro en el que alguien nos solucionará los problemas. La esperanza va unida a la teleología: un aplazar a un futuro inconcreto lo necesario presente. Lo expresa muy bien la frase: “primero ganamos la guerra, luego hacemos la revolución”, que es el modo en que la gente deje para nunca, suspenso en el no-tiempo, sus deseos presentes y se someta al Gran Líder.

El ahogo o, Pla por segunda vez

Banco

Creo que he tenido suficiente de Pla por una temporada. Es un escritor bueno, muy bueno incluso, pero, ya lo dije, el peso del país lo ahoga. Pla es un observador nato, alguien que sabe ver con ojos atentos lo que sucede a su alrededor y no cae nunca en la tentación de hacer de lo particular una regla general. En el fondo, el lo advierte en algún momento de su dietario. “El drama literario es siempre el mismo: es mucho más difícil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual todo el mundo opina.” Por la opinión es por donde se pierden la mayoría de los escritores, no hay más que echar un vistazo a las páginas de los periódicos llenas de escritores opinadores que solo enuncian lugares comunes y carecen del más mínimo estilo. Porque ese es otro de los quids de Pla, el estilo. No hay más que leer frases como: “una humareda blanca llena de confort y de augurios excelentes”, “las lejanías flotan en una blandura azulada” o “Digestión ligera a la sombra de las barcas. Ninguna molestia excesiva. La felicidad debe de ser esto” para darse cuenta uno de que estamos ante un escritor, alguien que domina, ama y respeta el idioma y la realidad.

Pero el país lo ahoga. A Michel de Montaigne, nacido en el Renacimiento, y señor de un castillo del que apenas salió, el país, la provincia o la región no lo ahoga. En aquellos tiempos no existía y su mundo de referencia era Francia y la cultura europea, en concreto la cultura grecorromana. Así pudo escribir sus Ensayos, y revelar la subjetividad del hombre moderno sin que nadie se sienta ahogada entre tanta boina francesa o chovinismo regional. A Pla le habría venido de maravilla escribir antes de que el Romanticismo, y su derivado político, ahogasen España en la reivindicación del país o de la provincia, que tanto da. Entonces su gusto por los periódicos extranjeros, por la cultura europea – Montaigne entre tanto otros – habría resplandecido más y la boina habría sido solo un pequeño aditamento. Es verdad que la boina de Pla no es como la de otros. En Pla queda como una curiosidad, pero sigue siendo boina.

Al fin y al cabo si uno quiere ser un escritor – o simplemente una persona – que no se vea ahogada por el país y quiere tener una mirada de distancias – que no es sino interesarse por lo que ocurre más allá de las fronteras sin que la pringue provinciana se vea adherida – ha de vivir fuera del país, de manera real o metafórica. Pero esta última es muy difícil: vivir en España sin ser español es asunto para superhombres. Los demás caemos en el ahogo paisanístico.