8 de noviembre no es el título de ninguna canción

Hoy es un día extraño. Está enmarcado por dos acontecimientos muy señalados. El 7 de noviembre hace 78 años, Largo Caballero dejó Madrid en guerra y marchó a Valencia. El Gobierno republicano tuvo que dejar la capital de de España ante el avance del ejército fascista. El 9 de noviembre de hace 25 años cayó el Muro de Berlín. Aún recuerdo a los comunistas desnortados ante tal suceso. El comunismo – o mejor, quizás, Comunismo – ese sistema político superior a la democracia – los comunistas, en realidad decían capitalismo, mostrando su ignorancia en cuestiones políticas y económicas – el comunismo, decía, empezaba a derrumbarse. La superioridad de la RDA no era algo que los alemanes del Este apreciasen mucho – en realidad ni mucho ni nada – y estos preferían vivir como en el Oeste. En fin, que un gran día para la libertad lo tomaron como una catástrofe y no fueron capaces de entender nada.

Hoy, sin embargo, aquí y ahora, el 8 de noviembre de 2014 es un día en el que muchas personas tenemos que reivindicar la libertad: la que proporcionan las leyes, la convivencia, la igualdad de derechos, la del progreso. Me explico en esto último. A pesar de que hay gente que piensa que es lo mismo ir hacia estados supranacionales que ir hacia estados fragmentados e independientes, la realidad es que ni lo es. Hay un camino que es el recorrido hasta ahora, no sin mucho esfuerzo y resistencias, que es hacia la unión. Esto ha servido para que la violencia entre los estados se redujese. Es algo palmario: si dos estados mantienen relaciones, si el futuro de los dos va unido, pocos buscarán la guerra, que llevaría al desastre de los dos estados. Así, la nación moderna es la unión de varios pueblos, cada uno mandado por un jefe, en una sola entidad. Se logró así reducir la violencia entre dichos pueblos. Más tarde, la violencia entre naciones provocó dos guerras mundiales. Al final de le Segunda, algunos estados europeos se unen en una pequeña comunidad de naciones con fines económicos pero que iba a permitir que la unión, gradualmente fuera más política, y reducir la violencia entre dichos países. Desde que existe la UE, la violencia en Europa se ha reducido considerablemente, aunque por supuesto, los nacionalismos – en Yugoslavia – han seguido siendo los causantes de las pocas guerras que ha habido.

Aunque la unión de Escocia con Inglaterra y Gales tenga solo unos pocos siglos, aunque la unión de Cataluña con el resto de España no sea milenaria, lo que importa es que esa unión ha dado lugar a una mayor prosperidad, no solo material, sino en términos de ciudadanía, democracia y convivencia. Ir hacia atrás, es decir, pedir que las naciones se separen es dar los pasos rectos y contundentes hacia nuevas guerras, es ser, en realidad, un reaccionario, que, por lo que se ve, abunda entre la izquierda, casi más que entre la derecha.

Por eso, hoy es el día de reivindicar lo que nos une, las ventajas de permanecer unidos, las razones por las que un estado que tiende a ser supranacional es mejor para los ciudadanos que una pequeña nación que sitúa sus orígenes en la bruma de un pasado mitológico.

Habrán observado que cuando hablo de España digo siempre estado. Sí, pero no por las razones por las que lo hacen los nacionalistas y anejos, sino porque yo lo que quiero es más administración y menos nación. El calor del establo de la nación lo dejo para otros, para los reaccionarios, para lo que tienen miedo al futuro, a la cesión de soberanía nacional.

Y los de Podemos a lo suyo, a decir lo uno y su contrario: Carlos Jiménez Villarejo escribe un artículo para contentar a los que estamos en contra del referéndum y la independencia, y Gemma Ubasart e Íñigo Errejón, otro para los que están a favor. Hay que pescar en todos los caladeros. A eso le llaman ocupar todo el espacio político. Lo conseguirán. En estos momentos, el desarme intelectual de los españoles es tan profundo que un partido político puede presentarse como nacionalista y antinacionalista, ateo y religioso, a favor de la ciencia y a favor de la superstición, ser antimilitarista y enorgullecerse de su ejército, puede ser todas esas contradicciones y a los españoles no importarles lo más mínimo ni sospechar de la mentira enorme que ahí se esconde. ¡Cómo no van a ganar así votos!

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