El retorno

Rebuscando por la red me he encontrado con estas dos fotos. Una (en blanco y negro) es de la época franquista. La otra (en color) es de ahora. Como se puede ver hay ideas que nunca desaparecen, y si en algún momento (los años 80, los de la verdadera modernidad española en la segunda mitad del siglo XX) creímos que las habíamos desterrado, la verdad es que no fue así. Ahora vuelven. Tienen abonado el suelo ideológico y el momento, para estas ideas, es propicio.

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Rentrée

Los años pasan, las costumbres permanecen, a veces por desgracia. A uno le gustaría que determinados ritos estacionales ni siquiera pasasen. Un ejemplo es este de la vuelta de vacaciones. Cada día es más cansado y carece de sentido. Cada vez me aburre más volver a la rutina que había dejado atrás solo unas semanas antes. Si por mi fuera, eliminaría eso de las vacaciones masivas, los veranos con escuálidos periódicos escritos por quienes se dicen periodistas y no llegan ni a alumnos de preparatoria. Eliminaría, sí, el periodo vacacional estival. así no habría regreso al trabajo, así no nos faltarían los grandes columnistas que nos hacen más llevadera la vida. Eso no quiere decir que no tuviéramos descansos. Podría haber pequeños descansos — cuatro o cinco — de una semana, lo suficientemente distanciados como para que los débiles de espíritu pudieran descansar. Pero sería imposible que tomáramos vacaciones masivamente, así la rentrée — que en cuestión literaria me ilusionaba años atrás — ya no sería posible.

Eliminaríamos así uno de los peores espectáculos de esta vida: la de unos pobres forzados a un trabajo nada ilusionante que se cuentan felices y ya nostálgicos el sentimiento de libertad que han tenido durante dos o tres semanas y al que han renunciado por convenio laboral.

Aniversario

De vuelta de vacaciones, en las que no he podido escribir todo lo que hubiera querido porque una tablet no es para escribir — al contrario que un mini ordenador portátil –, me uno a la conmemoriación de un día infame.

El 1 de septiembre de 1939 comienza la Segunda Guerra Mundial con la anexión de parte de Polonia por los nazis. APra que ello feura posible, los comunistas firmaron, voluntariamente, qué cosas, un pacto de no agresión. (En román paladino, fueron los cómplices de los nazis). Luego en la escula nos vinieron contando aquello de que los comunistas lucharon por el bien, la justicia, y demás zarandajas, cuando en realidad fueron los aliados de Hitler ahsta que a Hitler dejó de interesarle.

Abajo tenemos a Ribbentrop, Molotov y Stalin. Molotov es el que firma. ¡Fíjense cómo sonríe Stalin ante la firma del tratado de no agresión de comunistas y nazis! ¡Ah, los libertadores de la Humanidad!

Firma Molotov