Rentrée

Los años pasan, las costumbres permanecen, a veces por desgracia. A uno le gustaría que determinados ritos estacionales ni siquiera pasasen. Un ejemplo es este de la vuelta de vacaciones. Cada día es más cansado y carece de sentido. Cada vez me aburre más volver a la rutina que había dejado atrás solo unas semanas antes. Si por mi fuera, eliminaría eso de las vacaciones masivas, los veranos con escuálidos periódicos escritos por quienes se dicen periodistas y no llegan ni a alumnos de preparatoria. Eliminaría, sí, el periodo vacacional estival. así no habría regreso al trabajo, así no nos faltarían los grandes columnistas que nos hacen más llevadera la vida. Eso no quiere decir que no tuviéramos descansos. Podría haber pequeños descansos — cuatro o cinco — de una semana, lo suficientemente distanciados como para que los débiles de espíritu pudieran descansar. Pero sería imposible que tomáramos vacaciones masivamente, así la rentrée — que en cuestión literaria me ilusionaba años atrás — ya no sería posible.

Eliminaríamos así uno de los peores espectáculos de esta vida: la de unos pobres forzados a un trabajo nada ilusionante que se cuentan felices y ya nostálgicos el sentimiento de libertad que han tenido durante dos o tres semanas y al que han renunciado por convenio laboral.

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