Una noche

Suena el teléfono en la desolada parada de taxis a la una de la madrugada, cuando volvemos al hotel, y no hay nadie para cogerlo. Parece que no es costumbre infrecuente que aquí llamen a horas extemporáneas. El teléfono acumula polvo y en la calle nadie se para a cogerlo.

Volvemos de la verbena que se ha celebrado en la plaza. Ya no son como antes las verbenas, ya no hay una orquesta que viaja por todo el pais ofreciendo un repertorio ee canciones conocidas por todos. Ahora la verbena la componen dos grupos: uno para los mayores, de canciones tradicionales y otro para los jovenes, que tocan algunos temas ya viejos que aún mantienen el prestigio de lo moderno. Porque en esta sociedad lo que hay es ya todo muy viejo aunque haya quien crea que estodo nuevo. Es, aunque tantos lo nieguen, una sociedad momificada, reaccionaria, un sociedad que busca las soluciones en el siglo pasado, al igual que escucha musica de ese siglo también, haciéndola pasar por moderna.

En las mesas de los bares, matrimonios con niños, algunos jóevenes repeinados que miran y esperan, fuman su primer cigarrillo y ríen pretendiendo ser adultos.

Pero la noche se ha acabado y ya estábamos cerca del hotel cuando sonó el teléfono, y pensé que a veces la sorpresa sigue siendo posible, incluso en nuestra aburrida sociedad autcomplacida que desconoce el significado del término exigencia.

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