La escasez

Hay quien aún repite aquello de que la juventud es la nueva fuerza revolucionaria. Lo aprendieron en Mayo del 68 y siguen repitiéndolo, como si hubieran descubierto no sé qué nueva vía revolucionaria. Olvida, primero, que las vías revolucionarias no se descubren en la teoría. Segundo, la grandísima mayoría que hablan de la juventud como motor de cambio son, y no es casualidad, gente que ya no cumple los cuarenta. ¿Cómo alguien a los cuarenta puede pensar que es joven? Porque lo significativo es que hoy en día hay gente de 35 para arriba que sigue viéndose joven, como si le tiempo se hubiera detenido cuando tenía 25 años y desde entonces nada hubiera cambiado. Es cierto que el tiempo se ha detenido para ellos, que viven en el pasado, que son incapaces de asumir lo nuevo que les ha ido aconteciendo a lo largo de los años. Son jóvenes desde entonces y para ello es necesario que una burbuja de algún material impermeable les recubra.

En todo esto hay algo muy sorprendente. Cuanto más envejece la sociedad, más valora esta misma sociedad lo juvenil.

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Quien lo probó, lo sabe

“Mas mira las compañas/ de la que va por ínsulas extrañas.” Son dos versos del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz que llevan varios días viniéndoseme al recuerdo desde que me enteré que cerraba La Curva.

La Curva, para quien no lo sepa, es un bar de Valladolid. En realidad es mucho más, es un lugar de encuentro en un ambiente distendido donde la música nunca tapa las conversaciones. Uno puede pasar por ahí a casi cualquier hora y encontrará a algún amigo o a un conocido, o quizás a alguien que solo habrá visto algunas veces y con quien entablará conversación.

La Curva es un lugar donde se han tramado algunas de las más interesantes aventuras culturales desde 1985 en esta ciudad. Aventuras de presupuesto magro y, sin embargo, fecundísimas, capaces de abrir horizontes. Quede en el recuerdo por ejemplo los varios fanzines que Ángel ha editado desde 1987: “Las 4 estaciones del jugador de chinos”,  “La chica de La Curva” junto con El Colmo Colectivo, o la ayuda que prestaba a “La Elefanta rosa” o al Ramalazo y a nosotros, los Arañados Signos — los llamados artistas plásticos –, que expusimos en su bar desde el primer momento y nunca nos puso ninguna pega. Todo lo contrario. Entrabas en el bar y sabías que ahí estaba con su sonrisa luminosa y con su saber estar.

La Curva también ha sido un lugar de rebeldía política. No hace falta más que recordar el apoyo incondicional al Movimiento de Objeción de Conciencia o a los opositores a la construcción del pantano de Riaño o a la entrada de España en la OTAN. También un lugar político porque allí entre las revistas y periódicos te encontrabas con folletos que anunciaban las muchas semanas libertarias vallisoletanas, las conferencias a favor de los presos o del movimiento feminista o del colectivo LGTB+, y todo lo que se me olvida.

La Curva ha sido todo eso, y sobre todo ha sido el reflejo de la personalidad de Ángel. Sin él habría sido un bar más, con él era mucho más que un bar.

Se cierra un ciclo y yo espero que antes o después Ángel -– ahora con Memé – abra pronto otro. Mientras tanto seguirá revoloteándome por la cabeza eso de “las ínsulas extrañas”.

Por todo ello, por mucho más, gracias por los años compartidos.

Ramas

Tom Waits

LLevo ya varios días escuchando obsesivamente Blood Money, un disco de Tom Waits para el que solo se me ocurre el calificativo genial. Quizás esté un poco gastada, o un mucho, la expresión, pero creo que en este caso es apropiada. Tom Waits tiene varios discos memorables o más que eso, incluso, Swordfishtrombone, Frank’s Wild Years, Mule Variations, incluso Blue Valentine, disco muy interesante que ya aún no anunciaba lo que iba a venir con Swordfishtrombone, esa ruptura, Con todo, Blood Money los supera, por la calidad de las canciones, por el cuidado puesto en la grabación, compleja con esos instrumentos que utiliza, y sn embargo es preciosista en el sentido de que se preocupa de que todo suene a la perfección, que la nota exacta esté en el momento adecuado de la grabación, y la voz, rota pero que muestra una asombrosa variedad de registros.

A Tom Waits vuelvo siempre, puedo estar años sin escucharlo, sus discos bien guardados, pero al final vuelvo. La única razón que hay es lo bueno que es componiendo y cantando.

La delicadeza de esta canción es extraordinaria: