Extrañamiento

Son días estos de mucho trabajo, y mientras tanto, no sé hacerlo de otro modo, escucho música. Últimamente a Van Morrison, en concreto Back on Top, un disco que tiene ya años pero que no ha perdido fuerza. Por causalidad me he enterado de que tiene una canción titulada “These are the Days”, al igual que el poema de Emily Dickinson. Tienen poco que ver, en realidad solo el título, tan sugerente.
Son estos los días, cuando esperamos la primavera, que aún, este año, se resiste a llegar. Son días aún de pelliza y gorro, de orejas doloridas por el frío, y de paso rápido mientras vamos de un lugar a otro. Pero también son días ya de temprano amanecer, que cuando lo veo me llena de energía, y de tardes demoradas en la luz que aún no se reconoce como primaveral.

El extrañamiento de la luz en un tiempo que ya no debería ser invernal, o al menos no tanto.

El poema de Emily Dickinson:

These are the days when Annotateskies resume
The old—old sophistries of June—
A blue and gold mistake.

Oh fraud that cannot cheat the Bee—
Almost thy plausibility
Induces my belief.

Till ranks of seeds their witness bear—
And softly thro’ the altered air
Hurries a timid leaf.

Oh Sacrament of summer days,
Oh Last Communion in the Haze—
Permit a child to join.

Thy sacred emblems to partake—
They consecrated bread to take
And thine immortal wine!

HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
Read more at http://www.poetry-archive.com/d/these_are_the_days.html#Ztlu3BR4By2o0rzz.99
HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
Read more at http://www.poetry-archive.com/d/these_are_the_days.html#Ztlu3BR4By2o0rzz.99
HESE are the days when birds come back,A very few, a bird or two,To take a backward look. These are the days when skies put onThe old, old sophistries of June,–A blue and gold mistake. Oh, fraud that cannot cheat the bee,Almost thy plausibilityInduces my belief, Till ranks of seeds their witness bear,And softly through the altered airHurries a timid leaf! Oh, sacrament of summer days,Oh, last communion in the haze,Permit a child to join, Thy sacred emblems to partake,Thy consecrated bread to break,Taste thine immortal wine!
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El olvido

La gente se extraña de que no recuerde quién es. Adolfo Suárez, primer Presidente de la democracia que se inició en 1978, no recuerda quién es, ni que fue presidente de este país. La gente se extraña, pero no debería hacerlo. En España llevamos olvidándonos colectivamente desde hace casi dos siglos. Al menos todo el siglo XX es la historia de nuestro olvido. Cada cambio en la forma del estado significaba un olvido de lo anterior. Cuando estuvo Primo de Rivera, nos olvidamos de la Primera República, y cuando llegó la Segunda, olvidamos los años anteriores – los de la Dictadura de Primo de Rivera cuando España experimentó un avance en la instrucción pública y de las élites desconocido hasta entonces: escuelas, Residencia de Estudiantes, Junta de Ampliación de Estudios. Luego llegó al Dictadura de Franco y también nos olvidamos de la República. Tanto nos olvidamos de ella que ahora, cuando alguien habla de la Segunda República no habla de la histórica sino de la de su imaginación, como si la otra no hubiera existido nunca. Luego llegó la Democracia, con su Transición, y ahí olvidamos el Franquismo.

También es verdad que no solo los franquistas olvidaron su pasado y todos olvidamos el Franquismo, los comunistas olvidaron también el suyo a raíz de la caída del muro de Berlín y la infamia que supuso el comunismo en el mundo: la represión brutal, los muertos, la falta de libertades, todo eso lo olvidaron en España los comunistas.

Por no hablar del consumismo que nos alegró a todos, sí, a todos, desde 1992 hasta 2007.

España es un país angelical donde lo que ha ocurrido se olvida al cabo de unos pocos años y nadie es responsable ni nadie aprende nada. Ahora estamos también inmersos en un proceso de olvido, el olvido de lo que significó la Transición – incluso con sus elementos más negativos. Siempre angelicales, siempre sin habernos manchado las manos, ni habernos rebozado en el barro de la vida. Siempre olvidadizos.

Trogloditas

Debía de hacer cerca de tres años desde la última vez que fui a un concierto de rock and roll. Había asistido a otros: de jazz, de flamenco, de música clásica. Todos los recuerdo como buenos conciertos. Y aun así les faltaba algo. El viernes pasado, sin embargo, venciendo la resistencia que me causa el temor a la desilusión fui a ver a Trogloditas. Ya habían estado hacía algo más de un año en Valladolid, pero entonces, por esa razón que he apuntado, el temor a romper una idea independizada ya de todos los hilos reales del recuerdo que a lo largo de los años ha ido conformando ese momento inmovilizado, exaltado, alzado a una dimensión irreal, por ese miedo, digo, no fui. No sé si hice bien o mal, ni siquiera ahora lo sé.

Más o menos había aceptado que no serían lo que fueron, algo por otro lado normal cuando solo dos de los originales Trogloditas están en el grupo. Y, sin embargo, entre las canciones de siempre, que me hicieron saltar, reír, emocionarme como cuando entonces, a los quince o los dieciséis años, y las nuevas, temas contundentes de factura clásica, la voz de Lobo, los dos guitarristas, y esa sección rítmica impresionante, la mejor que hay en España, y que hace honor al nombre de Trogloditas, salí contentísimo de haber vencido los miedos que a veces solo son añagazas de la pereza.

Fue, sin duda, un gran concierto de rock, con una banda conjuntada, a la que quizás todavía le queda rodar algo más para ser una auténtica máquina de rocanrol. Estuve en primera fila, claro, como se han de ver los conciertos, voceando, riéndome, agradecido por los temas de siempre y por los nuevos. Porque lo que más me sorprendió, y luego volví a comprobar en casa durante el fin de semana mientras escuchaba varias veces el nuevo disco, es que los nuevos temas tienen una calidad más que encomiable: puro rock clásico.

No hablemos de futuro. Disfrutemos del presente del rock and roll.

El paso del tiempo

Se van muriendo. Este año van dejándonos uno tras otro, alargando una lista que, casi siempre, es muy larga ya.

La última ha sido Ana María Moix. Estaba ahí, discreta, como una secundaria importante, presente pero sin tener protagonismo, que es como a mí me gusta que esté la gente. Los autores principales son, en la mayoría de los casos, aburridos después de estar con ellos un rato. Hay excepciones, lo sé pero apenas cuentan.

A Ana María Moix la leí poco, pero me gustaba que estuviera allí. Las pocas entrevistas que concedía las solía leer con interés. Pertenecía a un grupo, ese llamado gauche divine catalana, en el que coincidieron algunas personas muy importantes. Muchos hicieron una labor importante en esto de la cultura española, algunos fueron algo divinos o divos, creo que ninguno estomagante.

Ahora, Ana María Moix ha fallecido, como ya murieron otros antes que ella, y yo contemplo la foto que está encabeza este breve escrito y me gusta por ese aire de desamparo que la nimbaba. A estas alturas pienso, cada vez que veo una foto, que bien puede ser una pose. Quizás lo fuera en su caso, quizás no. Es lo de menos en este momento porque la foto lo que recoge bien es un momento en la vida de alguien que ya no es adolescente aunque su cuerpo se resiste a darse por enterado. La soledad es la de cualquier persona que ha dejado atrás ese que llamamos infancia y mitificamos sin mucha razón. La soledad es siempre individual, aunque haya quien quiera hacer el discurso de lo generacional.