Un premio

El día que conceden el Nobel de Literatura observo las reacciones de la gente. Hay quien se muestra sorprendido –casi todos — y reaccionan con un toque de nacionalismo, al igual que había quien echaba angostura — a dash of bitter — en algunos cócteles. Sale así el nacionalista ignorante, que hubiera preferido a alguien que él conocía, y a ser posible de su país. Está también el ignorante que se dedica a hacer comentarios jocosos sobre el premiado, o de sabiduría recóndita hablando del siglo I a.C en Samaria. Está el exótico que propone autores de África o Asia, harto de la dictadura eurocentrista.

Todos ellos el jueves de octubre en que conceden el Nobel, vituperan a unos y alaban a otros desde su cátedra de la barra de un bar. Al día siguiente, al mes siguiente, al año siguiente, sin haber leído nada del premiado, se asombran del nuevo galardonado.

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