De algunas características nacionales

No lleva uno ni una semana de vuelta en su casa y parece que nada hubiera ocurrido y que las cinco semanas que ha vivido en el extranjero no hubieran existido o hubiera sido hace mucho tiempo. Tampoco nada da a entender la distancia que ha recorrido de ida y de vuelta, una distancia que, de haberla atravesado en coche o en autobús , habríamos tardado más de cinco semanas en cada sentido pero habría conferido otro sentido a nuestro viaje, moderno e instantáneo. Dejamos de lado el hecho mismo del viaje para centrarnos en la estancia cuando a veces lo que merece la pena es el recorrido en sí y no los tiempos intermedios. No era así en este caso en que lo importante era la estancia. Tal y como están las cosas, el viaje relámpago borra las diferencias y te prepara para la nueva vida; la vuelta, por el contrario, borra de tus recuerdos la vida nueva y te retorna al pasado. Aun así, hay cosas que no pueden olvidarse y el contraste es acusado, en gran medida porque la habituación a la vida normal ha desaparecido, y lo que era común y aceptabas, ahora te parece algo extraño e incluso desagradable.

Entre las cosas que se te habían olvidado estaba la inquina nacional, ahora reverdecida con la derrota en la adjudicación de los Juegos Olímpicos y el nivel de inglés de la alcaldesa madrileña. Quizás su inglés no sea excelente, pero si se compara con el nivel medio que tenemos, puede hasta sacar pecho. Las incorrecciones que uno tiene que soportar todos los días, la prepotencia de quienes hablan muy mal inglés y sin embargo se creen expertos hablantes en inglés,  producen vergüenza ajena día sí y día también.

La saña con que arremetan contra la alcaldesa — a quien han cogido como chivo expiatorio –, el ingenio que ponen en criticarla pero son incapaces de utilizar en su vida diaria para algo positivo, el resentimiento que se advierte en todo ello, era algo con lo que, por lo visto, estaba acostumbrado a convivir, pero se me había olvidado en cinco semanas. Ahora no queda más remedio que acostumbrarme a ello y creo que lo mejor es endurecerme todo lo posible para que el habituamiento no se me contagie.

A los escritores del 98 les dolía España. (Hay alguno ahora a quien repentinamente también le duele España aunque no tiene problemas en distorsionar la historia española de los últimos 40 años). A mí, no. Mis dolores son puramente somáticos y se reducen a la cabeza, las articulaciones o los pies. Pero me preocupa hasta dónde pueda llegar tanto resentimiento que algunas cultivan, otros propagan y algunos, pocos pero poderosos, siembran. Pocas cosas peores puede haber que una nación de resentidos.

Anuncios

Un comentario en “De algunas características nacionales

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s