La lejanía y el ruido

A pesar de la lejanía, llegan claros los gritos zafios de quienes ignoran lo que es el suelo mínimo de convivencia social. En verano, años atrás, el ruido se calmaba, la gente marchaba a la playa o a la montaña, y bajo la sombrilla o entre los matorrales, el ruido vocinglero quedaba reducido a nada o casi nada. Antes, también es verdad, había más educación. Antes la gente callaba más y se pensaba las cosas dos veces antes de lanzar un exabrupto. También antes la gente asumía sus responsabilidades y no buscaba culpables en los demás. Quizás antes no fueran todos así, pero había una mayoría. Supongo que el uso de medios para estar todo el día comunicados y escribiendo mensajitos en los que dejaret llevar por la rabia mientras el aplauso suena enfervorizado ayuda mucho.

Hoy en día son minoría, aunque quede alguno. Antonio Escohotado, sin ir más lejos. Retirado en una casa en el campo, se dedica a escuchar, con aplomo, con espíritu sereno y con distanciamiento, el ruido este que nos rodea y que puede llegar a aturdir. De Escohotado siempre me ha llamado la atención su serenidad, incluso en los debates más enconados, cuando todos se lanzaban contra él, nunca perdía la calma. Razonaba con pasión pero sin atolondramiento, dejando los argumentos propios de los imbéciles morales para sus adversarios.

Me gustaba también su prosa, sintética, concisa, pero con algunos felices descubrimientos conceptuales lingüísticos. Tuvo un efímero momento de fama, debido a la cuestión de las drogas, que para él supuso la publicación de una historia ingente de las mismas, tres volúmenes gruesos, bien documentados y mejor argumentados. Antes y después, una vida propia (en el sentido de que él es verdaderamente su dueño), su amistad con Ernst Jünger o con Albert Hoffmann, otros que son dueños de sí mismos, más libros interesantes.

Ahora, en medio del ruido, publica el segundo volumen Los enemigos del comercio: una historia moral de la propiedad, que pasará desapercibido por varias razones: habrá quien no lo entiende (algo cada vez más común), habrá quien lo entienda pero sienta miedo, miedo a los demás, miedo a perder su mediocre posición en este mundo, miedo a ser libre, en definitiva, a ser dueño de sí mismo.

Supongo que Antonio Escohotado seguirá en su refugio, escuchando desde la lejanía y prestando la atención justa al ruido, libre. Como dice en su web: “La libertad, que en sus etapas iniciales llama a la insumisión, madura como sentimiento de goce ante ella misma.”

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