Sin propósito

A principios de año, hice el propósito de leerme algunos libros. Ahora que ya ha pasado más de la mitad del año, repaso la lista y compruebo que apenas he leído cuatro. Estoy ahora mismo con El cuaderno rojo de Benjamin Constant, y ya he acabado el de Petrarca, las Confesiones de Agustín de Hipona, y los discursos de Cicerón.

Lo curioso es que no he dejado de leer este año. En realidad hace años que no he parado de leer. Casi lo único que hago es eso: leer. También escucho música y a veces voy al cine. Pero lo propio de interés lector radica en que voy saltando de un libro a otro, de un autor a otro, sin planes ni lecturas acordadas previamente. Me cuesta sujetarme a una lista. Incluso en cosas de trabajo, aunque en este caso siempre me resulta más fácil la disciplina de la lectura acumulativa, que a veces sirve de bien poco, dicho sea de paso.

Así que a estas alturas, y con el libro de Constant a medias y casi habiéndome acabado la Verdadera historia de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, veo que o me aplico o acabo el año sin haber cumplido aquel humilde propósito de inicios de año. Esperemos que en el último tramo del año sea algo más disciplinado, aunque el verdadero palcer es el de ir saltando de un libro a otro, sin planes ni propósitos.

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