Veinte años

Severo_Sarduy

El 8 de junio hizo ya veinte años – ¡tanto tiempo! – del fallecimiento de Severo Sarduy. Sarduy significó la vanguardia contemporánea. Cuando comencé a leerlo, gracias a la recomendación de un profesor, Sarduy aún vivía. Eso lo diferenciaba de otros como José Lezama Lima o Alejo Capentier, que estaban ya muertos. Quizás habían vivido hasta no hacía mucho pero ya no continuaban cuando comencé a leer sus libros. Otros, sí, por ejemplo Guillermo Cabrera Infante o Gabriel García Márquez, vivían y escribían, aún publicaban libros, no los mejores, claro es, que sus respectivos tiempos más fértiles e imaginativos ya habían pasado. Publicaban aún pero el eco se alejaba para ingresar en lo mítico. Sarduy, sin embargo, aún publicaría Colibrí, Cocuyo, El cristo de la Rue Jacob y algunos ensayos sobre el barroco. Y, si bien, en Pájaros en la playa el discurso se hizo más asequible, en los ensayos o en Colibrí, la exigencia de renovación del discurso literario no caía.

Además, con sus tentativas sobre el barroco, tentativas teóricas que también llevó a la práctica, Sarduy entroncaba con Lezama Lima y con Carpentier, sin que, por ello, fuera un imitador, quizás ni siquiera un discípulo.

Sus ensayos sobre el travestismo, enmarcados dentro de una teoría general de la visión y de la apariencia, fueron de los escritos que más me gustaron. Ser capaz de relacionar lo barroco, la mirada y el travestismo indicaba una inteligencia y una capacidad de observación fuera de lo común.

Veinte años ya, y por mucho que la canción diga que no son nada, en este caso, sí es mucho. Veinte años de negro silencio en Cuba sobre Severo Sarduy.

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