En días así

Es primavera ya avanzada y hoy se celebra el día del patrono de la ciudad. Uno en días así se levanta tarde para sus costumbres madrugadoras y haraganea por la casa hasta la hora de comer. Son estos días festivos entre semana los que te llenan de pereza y una cierta desgana que no es mala en sí, al menos no lo es mientras se convierta en rutina.

Esta pereza que le embarga a uno en días así es muy diferente a la que suele asaltarnos en invierno. El frío, la calefacción, la luz débil del invierno, todo eso, y quizás un ánimo más inclinado a la melancolía, hace que los días festivos del invierno sean más propios para pasarlos en casa, en batín, sin querer hacer mucho, poco más que leer algo intranscendente, mientras que en primavera a uno le apetece abrir la ventana y dejar que se cuele por ella el olor que sube de la frutería de abajo, de las flores que cultivan mis vecinas, el lejano griterío de los niños que juegan despreocupados en la plaza.

En días así uno ha de dejar que el tiempo pase, la luz abra la atmósfera, que el cielo parezca un tendal donde las sábanas son añiles de tanta blancura. En días así la vida ha de vivirnos y no hemos de pensar en nada que no sea en disfrutar cada segundo.

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