Otredad

“Los otros todos que nosotros somos”, escribió Octavio Paz, allá por 1949 cuando aún las cosas no habían caído ni los conceptos había sido maltratados, y la otredad era un reconocimiento en el otro de lo que soy.

Pero traigo aquí a Octavio Paz porque he leído los que Fernando Savater dice de él en “Las ciudades y los escritores”. más que lo que dice, es el modo en que lo dice. Uno piensa que solo deberíamos hablar de otros escritores con el mayor entusiasmo. Es esta una época que se dice desmitologizadora pero que no pasa de resentida. Nos afanamos en hablar mal de los demás, con un propósito de desmontar las falsedades que alguien — a veces ellos mismos — crearon alrededor de personas notables, y lo único que se ve es el resnetimiento del que, apelando a tan alta misión, no pasa de ser alguien amargado y resentido que no acepta que otros sean mejores.

Hemos perdido la alegría filosófica — esa que tan bien ha teorizado Savater y que ha hecho de ella piedra medular de su vida –, aquella que nos empuja a ser mejores y a serlo con quienes nos rodean. En un situación así, ¿de qué sirve la otredad?

 

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