El renacimiento de la Primavera

olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.

La tradición cuenta que cuando Proserpina fue raptada por Plutón, la madre de esta, Ceres, mandó parar el crecimiento de la tierra, y que solo cuando Plutón accedió a devolver a Proserpina — con la condición de que seis meses al año los pasara junto a él en el hades — Ceres volvió a permitir que la Naturaleza continuara su crecimiento durante esos seis meses en los que Proserpina está en la Tierra.

Es este el mito grecorromano  principal del nacimiento de la primavera, que nos lleva también al de la circularidad del tiempo – bajo cuya especie alguno interpretó el mito del Eterno Retorno – y al hecho de que hay un renacer cíclico en la Naturaleza. Este renacimiento ha sido, como era de esperar, utilizado numerosísimas veces en política, ha sido empleado por la sociedad, de manera más o menos consciente, siempre que ha necesitado de ayuda para solventar problemas que la acuciaban. Si nos fijamos en la literatura norteamericana de la época colonial, son numerosas las historias que hablan de la caída y de la vuelta a la vida o al camino correcto.

Tampoco el Cristianismo es ajeno a esta mitología. La Semana de Pasión resume esa caída y ascenso de los infiernos.

Desde las postrimerías de la década de los setenta la celebración del aniversario de la proclamación de la República se ha convertido también en una fiesta por el renacimiento, la nueva vida, el cambio de la piel vieja por otra nueva, la posibilidad de una vida distinta. La república española, más soñada que planeada, cada vez más soñada, cada vez más irreal, es la festividad laica del renacimiento. En 1931 la Semana de Pasión tuvo lugar entre el 29 de marzo y el cinco de abril, apenas diez días antes de que se proclamara la República. Esta coincidió con los primeros días de la primavera, con los días primeros de luz plena y aire fresco, con los primeros brotes de los árboles.

La celebración de la República en España ha devenido en la fiesta laica de la primavera, como la Semana Santa es la religiosa. En parte se debe a la mitificación de aquellos años, como por ejemplo hizo Eduardo Haro Tecglen en su libro de memorias, El niño republicano. También algunas decisiones políticas ayudan a tener esa sensación de renovación o de comienzo rupturista: Entre otras, la decisión de legalizar el PCE el Sábado Santo de 1977.

La República ahora es la imagen de un tiempo floreciente, de un tiempo lleno de vitalidad y energías, un tiempo de florecimiento en las artes, en la cultura, en la sociedad. Lo fue, sí, pero no deberíamos olvidar que las semillas se plantaron mucho tiempo antes, en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera o de la monarquía alfonsina.

Pensamos ahora en la República, con mayúsculas, claro, por todos los problemas que nos acucian, pero nos negamos a entender que muchos de esos problemas van más allá del debate por la forma del Estado. La República no atajará ni eliminará problemas como la crisis económica o la casi nula productividad laboral, al igual que tampoco eliminará la impunidad de algunos. Algunos piensan que el día que llegue la República (es curioso el verbo que escogemos: llegar en vez de traer) dejarán de tener halitosis, serán más jóvenes o tendrán más dinero. La república puede ser muchas cosas… en los sueños de cada cual; en la realidad es solo una forma de establecer el funcionamiento del Estado.

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