Tres eran tres

La semana comienza con fuerza. Me refiero a las muertes. En dos días han fallecido Margaret Thatcher, Sara Montiel y José Luis Sampedro. De los tres la que más me ha impactado es Margaret Thatcher.

Sara Montiel puede que fuera una gran actriz que actuó en grandes películas, pero ninguna me gusta. No me dicen nada, ni siquiera me aburren. De Sampedro solo puedo decir que aún no entiendo a quienes dicen que es novelista, a menos que novelista sea escribir 500 páginas independientemente de la calidad de lo escrito. Sampedro es un novelista prescindible que tuvo mucha fama y popularidad por razones ajenas a lo literario.

Es algo que suele ocurrir. Recordemos los premios nobel de literatura. Cuando señalan los méritos de quienes han obtenido el galardón siempre resaltan su compromiso con lo social, pero casi nada dicen de las novelas, la poesía o el teatro que han escrito. (Puede que sea porque los periodistas no han leído nada de ellos ni han hecho intención de leerlo, o quizás sea que siempre queda más emotivo y sentimental hablar de lo bueno que es el ganador de un premio. Nadie se imaginaría un galardonado al que se le acusase de algún delito. Primero tiene que ser honrado y honorable, y luego recibe el premio: Au revoir, Jean Genet!!!!). En resumidas cuentas, los libros de Sampedro se me han caído de las manos. Sería una gran persona y un economista excelente, no lo dudo, pero como novelista era olvidable, perfectamente perfunctorio que dirían quienes los iniciados ya saben.

Queda la Thatcher, Maggie, como la llamó alguna que otra vez The Sun. Margaret Thatcher vino a gobernar Gran Bretaña cuando entraba yo en el mundo. El punk y ella vinieron al unísono para mí. Ella fue nombrada Primera Ministra en 1979 y el punk comenzó solo dos años antes. Hay bastante más relación de la que parece entre el movimiento musical y la Primera ministra, como hay una relación clarísima entre el cine de Stephen Frears y ella. Frears, otro de los que vinieron en esa época, aunque algo más tarde. Frears y Mi hermosa lavandería, película extraordinaria y fresca donde las haya, y sin la pedantería ni el sentimentalismo de las películas de Ken Loach. Sin Margaret Thatcher es difícil que él hubiera rodado algunas de sus películas, a las primeras me refiero.

Vino también la guerra con Argentina por las Malvinas; Falklands Islands para los ingleses. Tenía yo por aquel entonces un profesor que había sido comandante en el Cuerpo de Artillería y que, como era normal, apoyaba a Argentina. Era normal: entre militares el apoyo suele ser mutuo e instantáneo. Yo, ya se pueden imaginar, me puse del lado de los ingleses. Mi fascinación por Inglaterra había ya comenzado y no coincidir con un profesor militarote y franquista era un orgullo y algo necesario. Hoy sigo pensando que Gibraltar bien puede seguir siendo británico. Más tarde me enteré que Margaret Thatcher apenas dormía mientras duró la guerra y que se pasaba la noche agarrada a una botella de whiskey. Fue el único detalle que me la hizo simpática.

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