Materialidad disuelta

Llevo varios días dándole vueltas a una frase de Ortega y Gasset. Aparece al final de Meditaciones del Quijote. Dice que la vida es un estar ahí y concluye de ello la materialidad de la vida.

Es materia dinámica, pienso. Materia que permanece, algo parecido al deseo de pemanencia espinosiano. Hay un deseo de vivir y de sobrevivir cada momento que pasa, un deseo de permanecer como permanecen las piedras que están a nuestro alrededor. La vida es deseo de permanencia que termina por ser algo material, no algo ideal, sino algo concreto, enraizado en un momento histórico.

La materialidad, a veces, al mirar las piedras, podemos pensar que es mineralidad, pura fuerza resistente contra lo que nos ataca: la muerte.

Pero, también, la vida, en días como este, gris, lluvioso, parece disolverse, como si se volviera sutil, o fuera deshaciéndose y escurriéndose con los hilillos del agua que corren por el suelo hacia el sumidero.

La vida

“¿Esto es la vida? ¿Nada más que esto? Un ciclo concluso que se repite siempre idéntico?”. Esto escribía José Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote en 1914.

En 1929 William Faulkner publicaba The Sound and the Fury. Tomaba el título de unos versos de Macbeth (Acto 5, escena 5):

“……. it is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.”

Me viene  a la cabeza ahora, después de un tiempo que para mí ha sido larguísimo, aunque en realidad ha durado unas cuantas semanas. La vida, un griterío ensordecedor en el que nadie quiere hacerse entender ni nadie quiere escuchar; solo, desgraciadamente, apalear al contrario, ponerle la zancadilla para que caiga y así poder ocupar su puesto.

Socorrer educando

Socorrer educando ha sido el lema de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País desde que en 1775 la fundara Carlos III. La Soceidad ha sido una institución civil empeñada en la mejora de España. Ha pasado buenos momentos y tambén ha tenido épocas oscuras, sobre todo cuando en España las libertades de expresión y de pensamiento estaban prohibidas, pero el ideal ilustrado — la idea de que una sociedad puede mejorar gracias a la instrucción de sus ciudadanos — ese ideal nunca lo ha perdido.

El Ateneo de Madrid también ha colaborado en la formación y difusión de las ideas en España. Su historia es tan ilustre como la de la Sociedad Económica. Por el Ateneo han pasado Manuel Azaña, José Ortega y Gasset, Antonio Cánovas del Castillo, Emilia Pardo Bazán. Organizan un sinfín de cursos, albergan tertulais abiertas a todo tipo de público, mantienen algunas cátedras; incluso tienen una colección de pintura que no es desdeñable. Algunos dicen que es un nido de rojos; pero en eso es igual que un antiguo profesor mío quien, en su ingnorancia, despachó a la Generación del 27 con un palmario: “Estos son todos unos comunistones”, y asís e explicó la molestia de leer a esos escritores, comprender lo que habían escrito y luego explicárnoslo a nosotros.

Ahroa ambas sociedades civiles pasan apuros económicos que amenazan seriamente su continuidad. No se crean que se debe a que allí hay colocados muchos paniaguados. El Ateneo da trabajo a 32 personas y la Real Sociedad a cuatrao. Tampoco está el problema en que los empelados tengas unas nóminas cercanas a lo que cobraban, y aún deben cobrar, los consejeros de las Cajas de Ahorro ahora nacionalizadas o los asesores que algunos alcaldes han contratado para sus respectivos ayuntamientos. Las subvenciones del Ayuntamiento de Madrid, de la Comunidad De Madrid y del Ministerio. En 2007 lo que el Ateneo recibía de Madrid (Ayuntamiento y Comunidad) eran 870.000 euros. A la Real Sociedad Económica el Ayuntamiento madrileño le dio el año pasado 55.000 euros y el Ministerio de Cultura 42.000.

Lo escandaloso es que no hay dinero para estas sociedades, que han cumplido y cumplen una extraordinaria labor educativa feura de las aulas, pero sí que lo hay para otras partidas. Por ejemplo, los asesores de los alcaldes. Es un tema que ya ha salido a colación en la prensa, que alguien me dirá que está ya manido. Puede que lo esté, o puede que haya gente interesada en ocultar algo tan vergonzoso. El Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, que por lo visto no tiene dinero para mantener estas dos sicedades, sin embargo, sí que tiene 11.952.873 euros para pagar asesores. LA Comunidad de Madrid se gastó el año pasado 897.000 euros en mantener el antiguo Hospital puerta de Hierro, cerrado desde que construyeran un nuevo edificio y trsladaran allí todo. La Comunidad mantiene el antiguo hospital con la excusa de que lo alquila para rodajes. El año pasado obtuvieron 101.614 euros de beneficio.

Las decisiones son políticas. Hay dinero para algunas partidas y no lo hay para otras. La educación es de las que no importan. A los niños hay que adoctrinarlos, enseñarles cuatro reglas aritméticas y las letras elementales. Con que sepan ahcer cálculos y sepan leer y escribir lo justo es suficiente. No hay interés en formarles para que entiendan el fundamento último de la Economía, del Derecho o de cualquier otra rama del saber.

“Socorre enseñando”, dijeron los Ilustrados.

Populismo

Suele ocurrir. No es la primera vez que ocurre ni tampoco es la primera vez que laguien avisa. A Beatriz Talegón, sin embargo, le ha pillado por sorpresa Y eso que casi un año atrás, Cayo Lara también llegó a sufrir las iras del pueblo. No aprenden estos políticos de izquierda. Se creen investidos de la gracia del pueblo. Creen que las mareas populistas les beneficiarán a la larga. Eso pensaba el PSOE en 1991, cuando el GIL ganó la alcaldía de Marbella. Pensaba que el PP quedaría debilitado y en las siguientes elecciones, ellos, los socialistas arrasarían. Decidieron no hacer nada, en realidad decidieron favorecer sinbilinamente al GIL con la esperanza y en el convencimiento de que en las sigueintes elecciones ellos ganarían.

Lo de estos últimos meses es algo parecido. EL PSOE e IU, más la masa mínima de otros partidos de izquierda, callan cuando esa nueva hipóstasis del pueblo que es la muchedumbre manifestante, acecha al PP. Es normal acogotar al PP, cuya polítca es el epítome de todo la maldad. Así lo han contemplado y permitido los elegidos de izquierda. Al fin y al cabo, ellos, los puros, los ungidos con la verdad, ellos, los elegidos, nunca iban a ser acosados por muchedumbre popular.

Ayer lo fue Beatriz Talegón, que dice no entender las razones del acoso, a ella, la Juaba de Arco del socialismo internacional. No se da cuenta que, frente a ella y sus soluiones plóticas, se ha alzado Ada Colau, la nueva Evita del populismo hispano.

También ignoran los socialistas — es normal que quieran ignorarlo, y muy peligoroso — que Benito Mussolini, el fascista Mussolini, fue primero socialista. Tampoco estaría de meás recordar que en la Falange había una facción populista izquierdista.

La gente de la cultura, más allá del bien y del mal

Hay algo que cada vez aguanto menos: el engolamiento de quienes dicen dedicarse al arte, la cultura y la literatura. En cuanto se les brinda la menor oportunidad, nos recuerdan que ellos – dicho de manera enfática – están comprometidos con la verdad y la justicia.

El último ejemplo ha sido la zapatiesta que algunos han montado por la simple razón de que Antonio Muñoz Molina, en el ejercicio de su libre voluntad, ha decidido ir a recoger un premio otorgado por la ciudad de Jerusalén. No han esperado ni un minuto en lanzarse sobre él para afearle la conducta. Parecía que no tuviesen cosa mejor que hacer, parecía que estaban ayunos de causas con las que comprometerse por la salvación de la Humanidad – esto también dicho con énfasis – y han encontrado esta circunstancia para recordarnos que los intelectuales, que la gente de la cultura, que los filósofos, literatos, artistas tutti quanti han estado, están y estarán siempre comprometidos con la justicia, la libertad, la solidaridad y todo aquello que pueda ser dicho con énfasis (porque, añadamos, el énfasis es muy importante en estas causas).

La memoria, sin embargo, a mí me juega malas pesadas, y recuerdo que hubo escritores, brillantes, que defendieron el fascismo de principios del siglo XX, entre otros Ezra Pound o Louis Ferdinand Céline, más los que en España fueron falangistas o justificaron a Franco. Otros hubo, en España también y en otros lugares del mundo, casi siempre esos lugares que llamamos civilizados, que dedicándose a la filosofía, a la cultura o a la literatura, si no a todo junto, cumplieron lo que Julien Benda describía en La traición de los clérigos, y apoyaron a la URSS, a Mao en China, a Pol Pot en Camboya, a Fidel Castro en Cuba, al Che Guevara allá donde estuviera. Tampoco nos tenemos que remontar al pasado. En los años ochenta, buena aprte de la izquierda europea apoyó a Gadafi por el mero hecho de que este se enfrentó a Estados Unidos, mientras olvidaban la opresión en que mantenía a los libios. Hoy en día hay quien ve con buenos ojos regímenes autocráticos como el iraní u otros también por la mera razón de que se oponen EEUU o a cualquiera de sus socios. Así, la represión política que pueda haber en algunos estados musulmanes, por ejemplo, es algo que carece de importancia por el simple hecho de que luchan contra el imperio norteamericano, olvidando estos revolucionarios lo que Marx dejó escrito en el 18 brumario de Luis Bonaparte acerca de la revolución.

Menos engolamiento, menos énfasis, más pirronismo, más escepticismo a la manera de David Hume, por poner un ejemplo, no les vendría mal. Para combatir el mal, la injusticia y otras calamidades ya tenemos la liga de la justicia.