La sencillez de la vida

Una-pistola-en-cada-mano
En la mesa del estudio reposa Arguably a la espera de que le llegue su momento y abra sus páginas para sumergirme en ese mundo breve, certero, luminoso, exigente y compasivo, que son los artículos de Christopher Hitchens. Mientras llega el momento y repaso otros libros, pienso en Una pistola en cada mano, la última película de Cesc Gay, cineasta cuyo cine, extraño en mí, me gusta casi tanto como la palabra escrita.

En general me aburre el cine. Lo veo ampuloso, en exceso seguro de su importancia, cuando además ya va perdiendo su influencia y su tiempo comienza ya a ser pasado, al menos el del cine tal como algunos lo hemos conocido y entendido. Gay, sin embargo me gusta mucho. Es un cineasta que hace de lo mínimo cotidiano el centro de su atención. Esta última película la monta a través de una serie de encuentros casuales entre varios personajes que van dejando caer lo que son sus vidas, sus normales vidas de personas que no esperan anda extraordinario ni maravilloso, solo un poco de atención y de cariño, las vidas de quienes se atreven a contar todo lo que les ocurre y la de quienes ocultan aquellos que les amenaza. Así, trenzadas, sin asomo de pedantería ni de manierismo, el espectador va enterándose de quién es quién, de cómo viven y que se atreven a soñar o dan ya por perdido definitivamente. La película, sencilla en apariencia, es un verdadero tour de force. Hay momento que logra salvar por la maestría artística de quien ha meditado mucho sobre la naturaleza humana y quien ha dado cuentas y más vueltas a lo que es lo común y predecible y a lo que es sorprendente sin por ello ser convertirse en fuegos de artificios.

Son adultos, en su mayoría en los cuarenta ya avanzados, aunque haya también alguna excepción. La mayoría se conocen y a sus espaldas hay un pasado en común de amistad. Resiste esta y pierde la convivencia marital. Quien más quien menos se ha separado, aunque en esto también hay excepciones. Hay confidencias que se estrellan contra el muro de los deseos y silencios que hay quien intenta sacar a la luz y la resistencia de alguno impide que se sepan aunque el motivo para difundirlo entre unos pocos sea solo las ganas de ayudar.

Es la vida, sinuosa, llena de casualidades, azuzada por el deseo, el capricho: la mera necesidad de que no se acabe por muchas dificultades que se nos vengan encima. La vida, eso tan corriente y tan difícil de atrapar en una película o en una novela. La sencillez de la vida contada por quien sabe.

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