Cartas del pasado

Vamos viviendo, se van sucediendo las mañanas de luz tamizada por la niebla ligera. En los árboles, las hojas van cayendo. De vez en cuando se oye en la lejanía las risas y murmullos alegres de los escolares que salen de clase o están en la hora del recreo. En el despacho rara vez escucho música. Leo, escribo o miro por la ventana mientras el tiempos e alarga hasta el infinito. Las mañanas quizás no suelen ser muy productivas, pero sí al menos cunden.  Pasan las horas, los días, la luz se vuelve blanquecina, casi lechosa, se espesa algo, y a veces parece que le salieran grumos.

Releo esto que escribió años atrás Antonio Tabucchi: “hay personas que esperan cartas desde el pasado, cartas que nos expliquen un tiempo de nuestra vida que nunca entendimos, (…) aquello que entonces se nos escapó” y pienso que va a ser un ejercicio obligatorio para todos nosotros en los próximos años el intento de comprender qué fue lo que falló en la construcción de una sociedad civil responsable.

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