La intimidad

El suicidio es un acontecimiento resultado de una decisión íntima, y en el que no deberíamos entrometernos. Estados e Iglesias han sentido que tenían la prerrogativa de legislar o sermonear sobre el tema cuando la verdad es que solo la persona puede hacerlo. Suicidio es tirarse por una ventana y lo es también, aunque le cambiemos el nombre por aquello de que no suene tan mal, la eutanasia activa. Tanto si uno toma un veneno como si decide no tomar una medicación, o suspenderla,  a sabiendas de que eso lo llevará a la muerte, es la persona la que decide, la única que puede decidir.

Sobre la muerte, esa frontera última más allá de la cual no podemos ir, sobrevuelan aún demasiadas supersticiones, tabúes y prohibiciones. Gracias al invento de la intimidad – cada vez más asediada – las personas hemos podido ir ganando cotas de libertad y hemos podido decidir sobre nuestra vida y nuestra muerte. Ahora, sin embargo, vuelven a utilizar a los suicidas, algo que siempre ha ocurrido con cierta recurrencia, pero  que ahora ha cobrado una mayor virulencia. Para detener los desahucios y reformar la ley hipotecaria, algunos echan mano de los suicidios. Ignoran, por un lado, que el número de suicidios no ha aumentado significativamente en estos años y que la gran mayoría se suicida por las mismas razones que otros lo hicieron en el pasado. Saben, eso sí, que una portada de periódico en que la noticia principal sea el suicidio (y aquí en cualquier caso prefieren el trazo grueso y la ausencia de matices) les dará mayor presencia pública. El suicida actúa como altavoz independientemente de cuál sea la razón de su suicidio.

Los periódicos han tenido la saludable y piadosa costumbre de no escribir sobre el tema. Aducían el efecto contagio. Hay quien duda de tal efecto. Lo que es indudable es que en un tema tal, la necesidad de informar ha de compaginarse con la de la discreción y el respeto.

Tengo dudas más que fundadas de que esto no va a ser así. La marejada o mar picada de la opinión sobre el suicidio nos va a inundar, muchas veces con la mayor de las violencias que es la ignorancia sobre el tema.

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