Del populismo

La clara mañana de domingo en que nada pasa. En la mesa, la poesía completa de Wallace Stevens. Un hombre discreto, el poeta con mayor potencia de su tiempo en América. Lejano, solitario aunque luego tantos lo siguieran, elegante.

Aquí, sin embargo, graznan, se entrometen, dicen los que no hacen y piensan lo que no dicen. Es un juego de apariencias en que el poeta, el pobre poeta, que juega a ser divino y popular, cacarea aquello que el público quiere oír.

El señorío frente a la mansedumbre. Se entiende así que pocos, muy pocos, pueden llegar a tener la fuerza de Wallace Stevens, de quien unos versos, dos o tres apenas, elegidos al azar, tienen siempre la fuerza del rayo que ciega.

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