Paisaje

Había en Nuevo México algunas tienducas desperdigadas por la carretera fantasma. Muchas de ellas eran casas de empeño que había quebrado, otras eran librerías perdidas en el desierto, aguantando bajo el cielo que más que proteger atacaba. Todas tenían un voladizo que hacía de techo y que daba una mínima sombre a los conductores que llegaban allí. También nos la proporcionaban a nosotros que solíamos caminar por los arcenes llenos de hierbas y piedras.

Con frecuencia me viene su recuerdo al igual que me viene el recuerdo de aquel cine que era casi lo único que permanecía de pie en Tucumcari. Alrededor suyo una casa que había ardido, solares con maleza que cubría lo que en un tiempo fue un salón o una cocina. Algo más allá un varias casas con los jardines descuidados, el porche vacío y el sofá desfondado.

Llevo un tiempo con la impresión de que en ese paisaje desolado, donde no hay gente, nos hemos instalado y que vamos a vivir en él durante varios años.

Un viaje de verano

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