Errancia

Escribo sin propósito, sin querer llegar a ningún lado. Ahora que tengo temas atrasados de los que debería ocuparme, como por ejemplo de la fotografía de Saul Leiter, de quien vi una extraordinaria retrospectiva, ahora, escribo pequeños textos intrascendentes, para ocupar mi tiempo y justificar mi falso atareamiento que no me deja pensar en otras cosas de mayor calado.

Quizás también tenga que ver que siempre he escrito sin esperanza y sin intenciones sociales o sentimentales o qué sé yo.

Anuncios

Llegan al mundo

“They enter the new world naked,/ cold, uncertain of all/ save that they enter.”

“Llegan al mundo nuevo, desnudos,/ ateridos/ inseguros de todo/ excepto de que llegan”.

Son versos de William Carlos Williams. Son algunos de los versos que más me gustan. Por eso los traigo aquí.

Fragmento

Vuelven ahora los recuerdos que nunca terminaron de irse. Los recuerdos de una infancia que recuerdo en fragmentos de luz intensa, brisa del mar cercano y frescos portalones con escaleras de madera que ascendían hacia el cielo de la felicidad de los dulces y tebeos que me esperaban en algunas de las casas que visitaba con mi tía.

También recuerdo las calles estrechas por las que paseaba con mi abuelo, entre comercios antiguos de escaparates con cristales de formas redondeadas y género intemporal, aquellas bragas enormes de algodón, o los calcetines de perlé, y algunos uniformes de trabajo, entonces tan necesarios.

Pero sobre todo vuelve la copla, aquellas que escuchaba en casa de mis abuelos. Una vez más la luz radiante, intensa, estallaba al rebotar contra las paredes blancas del edificio de enfrente. Allí pasé mañanas de verano sin fin, escuchando a la Piquer mientras curioseaba por entre las miles de baratijas que almacenaban en la despensa o en el salón a oscuras, imponente por lo poco que lo frecuentábamos.

Los adioses

Siento que me encamino, si no estoy ya decididamente en ello, hacia la renuncia casi total del pasado. Aunque esta es una frase muy ampulosa que habría que matizar mucho. En realidad debería escribir de renuncia al sentimentalismo, a la vana sentimentalidad de lo que solemos recordar con benevolencia. Es fácil caer en la trampa y construir algunos momentos, modelarlos para que los recordemos fulgurantes, maravillosos, inigualables, qué sé yo.

Hay que saber colocar las cosas en su sitio. Hay que saber mantener el orden y la jerarquía en la vida propia. El abandono en la dejadez es tan peligroso como la vida vuelta hacia el pasado.

Esta fue la razón por la que no asistí al concierto que Trogloditas dieron el viernes pasado. Fueron muy importantes, hay muchos momentos en mi vida ocupados por ellos, pero asistir hubiera sido caer en la nostalgia, dejarme llevar por un pasado que es ya solo una reconstrucción. Sé que hubo muchos de aquellos con quienes compartí la música de Trogloditas que asistieron. Imagino que disfrutarían, que ese día lo despidieron con una dosis suplementaria de felicidad.

Ni los Trogloditas de ahora son los de entonces – solo quedan dos del grupo original – ni tampoco nosotros lo somos. Como decía un verso que leí mucho en esos años: “Habré de creer que este he sido/ y éste fue el sufrimiento que punzaba mi piel?” No, no somos los mismos, cambiamos, al fin nos volvemos diferentes de quienes fuimos años atrás.

Volver al pasado es mal asunto por lo que tiene de confusión mental y desbordamiento de sentimientos. Hay que aplicar a conciencia algunas exigencias estoicas, y hay, sobre todo, que  saber que mudamos, aunque como alguien dijo, sea duro abandonar la última orilla.

Apuntes

Preparo una pequeña introducción a Antonio Machado, y me encuentro con algunos versos que recordaba, y que son, en algunos casos, misteriosos, como, por ejemplo, el último que escribió: “Estos días azules y este sol de la infancia”, y leo otros que no recordaba, y que no son menos impresionantes: “Las almas huyen para dar canciones”. Un estremecimiento me sacude cuando lo leo, parece que fuera la primera vez.

La charla, por su parte, tratará del Machado esencial, del poeta antirretórico, del escritor que se preocupa por sus coetáneos, y que es consciente de su oficio y exigente consigo mismo. También diré algo de las varias caras de Machado: el poeta comprometido, el poeta simbolista, el de Castilla, pero también el poeta órfico, como Antonio Colinas lo caracterizó.

Tiempo de construcción

Construyo tiempo. Emmanuel Kant tuvo ya la intuición de que el tiempo era espacio. (Quizás alguien lo hubiera formulado con anterioridad, quién sabe). El tiempo lo construimos. No es un concepto indefinido, vago, ni siquiera pasajero. Al contrario, podemos convertirlo en volumen, en área, en una línea o en un punto, si queremos.

Yo construyo mi tiempo y le doy volumen para resguardarme entre sus muros, protegerme del ruido exterior. Lo vespertino de los sábados, lo matinal del domingo son reacias paredes invisibles que nadie traspasa porque protegen el espacio de la lectura, la soledad y el inmenso placer de estar a solas. El tiempo es una morada de clara atmósfera, aire y sonido, frescos y pausados.

El tiempo es, también, nuestra sustancia, que se desgasta. Somos tiempo y el tiempo es nuestro espacio. La brisa fresca de la mañana.