Afinidades reactivas

I

En mis paseos cotidianos, allá cuando el sol aún no ha aparecido, llevo varios días que tropiezo con la misma idea acerca del mundillo poético. Pienso en el panorama que lleva acompañándonos ya algunas décadas y me invade la melancolía por los esfuerzos invertidos, la energía empleada y los escasos resultados. No es lo que dicen algunos popes desde sus púlpitos periódicos, ni lo que puede cualquiera encontrar en las bitácoras, los modernos  y baldíos cuadernos de campo que no pasan de ser la absurda exploración del propio ombligo. Llevan años repitiendo que la poesía vive un momento dorado. Lo que leo, lo que llevo leído en los últimos años, rebate el triunfalismo oficialista. La logia de los poetas proclama la extraordinaria productividad diversa y aclama a jóvenes (sobre todo) y maduros (en juvenil trance estático). La escritura que cae entre mis manos y llevo a mis ojos desmiente, ya digo, el satisfecho balance oficial. Hoy en día, con muy pocas excepciones, la escritura es pobre y está exenta de riesgos (aunque eso no quiera decir que entre las maneras más transitadas no esté, sobre todo, la pirueta alocada y sin sentido, el saltito grácil e histérico de quien se cree novedoso por el simple hecho de que apenas ha leído. A los diez o los doce años todo es novedad por desconocimiento del mundo que nos rodea.) No encuentro, repito que con escasas excepciones, quien se lance a una exploración como las que llevaron a cabo Charles Olson o Frank O’Hara. Faltan piratas y cuatreros en el mundillo literario, y sobran las falanges uniformadas de la rebeldía subvencionada y apoyada desde los cuarteles generales de los encuentros poéticos donde todos cantan en el mismo coro a las órdenes del director del certamen.

II

Hoy en día la gente elige sus poetas por afinidades sociológicas: sexo, edad, melena y deportivas raídas (o traje y aguja dorada para la corbata, aunque estos sean una especie casi extinta), y pocos empiezan donde está el único punto de partida (y de llegada); el único punto del que no es necesario moverse: la escritura.

El eclecticismo en los gustos no es tal. Es un modo de elección que nada tiene que ver con la literatura y todo con los alrededores de la escritura (donde la obsolescencia habita). Conozco a quien le gustan escritores con las poéticas más disímiles que nadie pueda imaginar por el simple hecho de que estos colaboran con las mismas asociaciones vecinales. Hay quien colecciona los libros de jóvenes lolitas, que en un par de décadas serán mujeres maduras y ya no podrán alegar como mérito la tierna carne de la adolescencia aún no del todo perdida. También hay quien lee solo a mujeres aunque unas sean cultistas y otras propugnen una estética revolucionaria o de crítica social o escriban la hojita parroquial. También hay quien defiende a aquellos poetas nacidos en pueblos de no más de tres mil habitantes por aquello de que estos viven una vida más auténtica y cercana a las verdaderas raíces.

III

Tal como están las cosas, lo más inteligente para cualquier poeta que quiera tener un poco de visibilidad en la sociedad es el cambio de mentalidad. Ha de olvidar el currículum donde consignaba su lugar y fecha de nacimiento y luego la más o menos extensa lista de publicaciones y de premios. Ahora ha de encargar un dossier en el que figuren sus opiniones sobre todo lo prescindible y caduco. Solo valen temas sin importancia que aparezcan en la entre los más comentados en las redes sociales. A ello añadirá unas cuantas fotos: colección de verano, colección de invierno, fondo de armario, informal, de gala. Así la gente, antes de leer sus libros (lo de comprarlos es algo que pertenece ya a la historia) tendrá elementos de juicio para decidirse por el olvido, el rincón oscuro del pasillo, la vitrina de los recuerdos de vacaciones o junto a la foto de Brad Pitt.

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2 comentarios en “Afinidades reactivas

    1. Toda la poesía es actual. La poesía, digo, no los escritos de hojas caducas que no llegan sus renglones a mitad de página. Hay que distinguir entre poesía y versillos hilados al desgaire.
      No me gusta recomendar libros, ese objeto de pronto consumo. Recomiendo, a lo sumo, y sabiendo que cada uno tiene sus gustos, y que todo es batalla en campo no precisamente de plumas, escrituras. Recomiendo la escritura de Charles Olson, de Frank O’Hara o de José Miguel Ullán. Las fechas de publicación se distancian algo, pero la escritura de los tres es contemporánea, e incluso inclinada hacia el futuro. Digamos que con un poco de suerte quienes vengan detrás de nosotros llegarán a atisbar algo más allá de lo que nosotros hemos conseguido. Son escrituras, que no libros, lanzados hacia el futuro.

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