El rastro volátil (A propósito de la obra de Casilda García Archilla)

Hay en las obras de Casilda García Archilla una reducción del signo artístico a su mínima expresión. Junto a ella, una expansión de las posibilidades del arte. Reducción y expansión son posibles gracias a la labor denodada de búsqueda de nuevas formas y vías expresivas.  Es cierto que hoy en día, ya entrado el siglo XXI, tras el auge y el colapso de las vanguardias históricas y de otros movimientos, puede parecer a algunos que no hay ya búsqueda alguna. En su derecho están de pensar así. Olvidan que la expresión personal siempre lo es; todo lo demás es simple copia.

Casilda va encontrando nuevas formas expresivas conforme busca nuevos materiales. Pocas veces alguien ha pensado en utilizar tripa de cerdo y algodón, como tampoco es muy común saber ver en hojas secas, pelusas o ramitas lo artístico.

Lo que uno percibe de inmediato en cuanto ve cualquiera de sus obras es la ligereza, la delicadeza de la existencia y de una sensibilidad artística encarnada en un objeto que a veces ha sido tratado ligeramente pero con mucho criterio  para lograr que represente un estado de ánimo, un momento de la vida o un sueño que de frágil puede desvanecerse con el temblor mínimo de una mano. Son estas obras las que van reduciendo el signo a su esencia.

Una hoja caída, poco a poco desecada y despojada de la poca carne inerte que aún permanecía; una hoja que es ya solo nervios y restos, enmarcada y reflejada en un cristal, o una pelusilla guardada dentro de una vitrina para que el poco viento que la pueda alcanzar no la desperdigue por la habitación. También trabaja con sedas a las que va despojando de sus hebras hasta que quedan las esenciales, aquellas que señalan el resto de lo que fue y apuntan al misterio de un significado siempre elusivo, o con fibras de papel entintado.

Las fibras, los nervios, lo que compone la línea central, el mínimo y casi inexistente cuerpo del objeto, la alusión a un momento de la vida que ya ha desaparecido. La naturaleza, muerta o moribunda, pero de la que logra detener un momento. Las fibras y los nervios, también, como escritura, de la vida o de la naturaleza, reflejo del mundo caótico. En algunas obras de Casilda el dibujo se va haciendo cada vez más sutil y profundo hasta llegar a ser líneas sueltas que van dejando el rastro de algo escrito, que a su vez también va disolviéndose, perdiéndose por el espacio cada vez mayor de la página. El signo artístico se reduce a su mínima expresión y se carga de sentidos antes no intuidos. El trazo señala y se desvanece al igual que la hoja cae y se pierde.

Si alguien quiere saber más, puede dirigirse a su blog Sociedad de diletantes

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2 comentarios en “El rastro volátil (A propósito de la obra de Casilda García Archilla)

  1. Precioso y emotivo este post
    Nunca nadie había descrito tan bien su obra.
    Creo que la sensibilidad artística de Casilda no necesita de soportes más ostentosos para expresarse. Y eso es precisamente lo que hace su obra tan bella y valiosa: crear emocion a partir de objetos que han perdido su utilidad o valor, si es que alguna vez lo tuvieron.

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