La viuda de Borges impide la comercialización de El hacedor (de Borges), ‘Remake’

En 1966, Jean Rhys, encantadora escritora caribeña, publica El ancho mar de los sargazos, la historia de Berta Mason en el Caribe. Nada tendría de particular la novelita si no fuera porque Rhys utilizó Jane Eyre, de la británica Charlotte Brontë para contar la misma historia desde el punto de vista de una mujer. Ese mismo año Tom Stoppard estrenó Rosenkrantz and Guildestern han muerto, obra de teatro que tiene como protagonistas a dos personajes menores de Hamlet. Cuenta grosso modo la historia de Hamlet desde el punto de vista de dichos criados.

Del mismo modo, Andrés Sánchez Robayna ha escrito con penetración acerca del modo compositivo de José Ángel Valente. Este, en varios de sus más importantes poemas, incluye versos traducidos de otros escritores sin aclarar de quienes son.

En ningún caso de los mencionados a los escritores les mueve el deseo de copiar o de aprovecharse de los esfuerzos de otros. Es, aunque suene raro, parte de una propuesta literaria que van desarrollando a lo largo de los años, en muchos casos con bastante esfuerzo.

Podría también referirme a la parodia que James Joyce hace de los escritores ingleses en el capítulo 14 de Ulises. Por él van desfilando casi todos los que tuvieron algo que decir en la literatura británica: Thomas Malory, John Bunyan, Daniel Defoe, Lawrence Sterne, Charles Dickens, … O podría también recordar ese hilarante capítulo de Tres tristes tigres en que Guillermo Cabrera Infante cuenta la misma historia parodiando el estilo de varios escritores cubanos coetáneos.

Todo esto, y mucho más que podría añadir, viene a cuento de la decisión que la viuda de Jorge Luis Borges ha tomado respecto a la novela de Agustín Fernández Mallo. Resulta que Fernández Mallo publicó un libro hace varios meses, El hacedor (de Borges), remake. Aunque la gran mayoría de lo que está en el libro es del propio Fernández Mallo, la viuda de Borges ha pedido, abogados mediante, la retirada del libro de las librerías (eufemismo que quiere decir que impide que se venda el libro). Ella no quiere hablar del tema pero el comunicado de la editorial da a entender que lo encuentra irrespetuoso hacia la persona de Jorge Luis Borges, algo que niegan la editorial y el autor.

Siempre he sostenido que los familiares son el mayor inconveniente para los escritores, sobre todo para los ya muertos. Los familiares pueden impedir la publicación de un título simplemente porque un sobrinito está acabando la mediocre edición crítica de uno de los libros de su tío, o porque el autor retrata a sus familiares con veracidad e impudor. Los familiares, que no han escrito una sola línea de los cuentos, las novelas ni un versito de los poemas, pero cuyos derechos de autor ostentan durante muchos años, se permiten la arrogancia de manejar la fama postrera del escritor y, por lo que se ve, ahora también la suerte editorial de otros escritores.

En todo esto sin embargo, hay una especie de justicia poética, borgiana por cierto. La viuda de Borges en un prólogo a alguno de los libros de Borges (no deberíamos desechar la posibilidad de que si no ostentara los derechos de autor, su prólogo no habría sido impreso y no se recordaría), contaba que alguien preguntó a Borges por la fortuna de El tamaño de mi esperanza (libro primerizo del argentino que durante todo su vida se negó a reeditar). Borges afirmó que ese libro no existía y que no lo buscara. Al día siguiente Borges recibió una llamada en la que aquel desconocido que se había interesado por el libro le contestaba que el libro existía y que había un ejemplar en la biblioteca Bodleiana en Oxford. La viuda de Borges habrá impedido la venta del libro El hacedor (de Borges), remake, pero no ha tenido en cuenta que, como en el caso de El tamaño de mi esperanza, ya se han vendido algunos o bastantes ejemplares, que algunos pueden estar en bibliotecas públicas y otros en privadas, y que ese libro, le guste a la viuda o no, existe y seguirá existiendo, y que habrá un momento, dentro de algunos años en que se extingan los derechos de autor, en que podrá reeditarse. Enriquecido, eso sí, con este episodio.

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